La Torre de los Perdigones de Sevilla: reliquia del pasado industrial.

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La Torre de los Perdigones de Sevilla forma parte de ese pequeño grupo de edificios o estructuras del pasado industrial de la ciudad. Si bien es cierto que un sector de la sociedad valora este tipo de patrimonio, aún está poco valorado por la mayor parte de ciudadanos e instituciones locales, favoreciendo que a lo largo del siglo XX, gran parte de él hay ido quedando en el olvido y desapareciendo. Las cosas parecen que poco a poco y afortunadamente, van cambiando y lo que ha sobrevivido hasta hoy, se integra en nuevas construcciones o acaban teniendo un nuevo uso. La Torre de los Perdigones ha estado abierta en los últimos años como una cámara oscura desde donde contemplar gran parte de la ciudad (actualmente cerrada).

Fue la torre de fabricación de perdigones de la antigua fundición de Manuel Mata se encuentra situada al norte del centro histórico de Sevilla, muy cercana al cauce del río Guadalquivir y por tanto, al antiguo trazado de ferrocarril que discurría por su margen izquierda (a lo largo de la calle Torneo). Mide 45 metros de alto, es de planta cuadrada y levemente troncopiramidal. Está construida con ladrillo visto de color claro en la mayor parte del edificio y de tono rojizo en ángulos, a juego con los marcos de ventanas y óculos de ventilación. Su altura se divide, mediante cornisas, en seis tramos. Los tres tramos centrales cuentan con un hueco de medio punto sobre el que se sitúa un óculo. El tramo más bajo es el que permite el acceso. Los dos tramos superiores, de menores dimensiones y separados por un balcón metálico que rodea la torre, cuentan con un óculo cada uno. En la actualidad, esta torre constituye el único resto que se conserva de esta industria metalúrgica de transformación del plomo, habiendo quedado recogida en el entorno de un parque que ocupa gran parte de lo que fue el recinto de la fundición, junto al puente de la Barqueta y  en excelentes condiciones de conservación.

En el vacío que existía entre la tapia del ferrocarril separando los talleres de apoyo a éste y el arrabal de la Macarena, se levantó en 1885 la fundición de plomo de San Francisco de Paula, propiedad de D. Manuel Mata. La fábrica estaba dedicada, según reza en su publicidad, a la fabricación de plomo en barritas, planchas, tubos, balas, perdigones, acerados y niquelados, ladrillos, piezas especiales para hornos, retortas y arcillas refractarias, tubos de plomo endurecido para grandes presiones, tubos estañados interiormente para la conducción de aguas potables y exteriormente para instalaciones de lujo.

La fábrica, conocida también como la Fundición Mata por el apellido familiar, mantuvo su actividad hasta la década de 1950, quedando luego abandonada y en progresivo deterioro. Poco a poco fueron desapareciendo las diferentes naves y construcciones que formaban el complejo fabril, quedando en pie solo la torre y su entorno, se fue convirtiendo progresivamente en un asentamiento chabolista. Las vísperas de la Exposición Universal de 1992 sirvieron para adecentar, al menos aparentemente, el entorno de la torre, ya que una de las entradas principales al recinto se encontraba allí, en la Barqueta. Se construyeron nuevas viviendas en la zona pero el asentamiento chabolista aunque reducido, se mantuvo en parte hasta el año 2001, cuando el Ayuntamiento restauró la zona y la ajardina. La principal restauración de la torre llegaría en 2005 y en 2007 se instalaría en ella una cámara oscura que ha funcionado hasta tiempos recientes.

William Watts y su método de fabricación de perdigones

En 1782, el británico William Watts patentó una nueva tecnología para la fabricación de perdigones de plomo para munición, las “torres de perdigones” que reemplazaron el uso de moldes o la inmersión de gotas de plomo en barriles de agua. La fabricación de perdigones en molde era más lento y muy caro; el goteo de plomo fundido en barriles de agua daba como resultado "bolas" poco esféricas. En estas torres se dejan caer gotas de plomo desde una gran altura, que adoptan una forma esférica mientras se enfrían durante su caída libre gracias a la tensión superficial, llegando al agua con una temperatura inferior al punto de ebullición del agua, evitando así el exceso de vapor.

El invento de Watts fue revolucionario en su momento y su origen no está falto de leyenda, hasta el punto de existir dos relatos para explicar el origen del descubrimiento, en los que el secreto le sería revelado durante un sueño.

Todo ocurrió una noche de borrachera, cuando William Watts fue incapaz de llegar a su casa y acabó durmiendo a los pies de la torre de la iglesia de Saint Mary Redcliffe en Bristol. Allí Watts, soñó que la iglesia ardía y el plomo del tejado caía fundido al suelo, donde iba a parar a los charcos de agua donde se solidificaba formando perdigones.

En la otra versión del sueño, Watts sueña que es su mujer, la que arroja plomo fundido desde la torre de la iglesia a través de los agujeros de una sartén. Incluso hay otras versiones de la historia se cambia incluso la persona que tuvo el sueño, según estas no fue Watts, sino su mujer.

Viniera de donde viniera la idea, Watts y su esposa decidieron probarla. Escogieron para ello la torre de la iglesia del sueño donde colocaron un barril con agua en el suelo. La prueba fue todo un éxito, tras verter el plomo fundido este caía como una lluvia. Durante la caída, el aire empezaba a enfriar los glóbulos del metal, el agua amortiguaba la caída y los acababa de solidificar. No había que esperar más, Watts decidió patentar este proceso “para producir pequeños proyectiles perfectamente globulares en su forma y sin hoyuelos, muescas o imperfecciones”. En la patente que obtuvieron en diciembre de 1782, se especificaba que para perdigones pequeños la altura de caída tenía que ser de cómo mínimo 3 metros, y para los mayores de 45 metros. La patente también describía el método para producir “plomo envenenado”, es decir, plomo con arsénico, aunque no había nada nuevo en ello.

El proceso tenía una explicación científica, aunque esta no le fuera relevada en el sueño al fontanero “prodigioso”. Las gotas de lluvia, aunque muy habitualmente son dibujadas de forma similar a una lágrima, tienen realmente una más o menos esférica. Cuando ya llevan cayendo una cierta altura, la tensión superficial las hace adoptar la forma con menor superficie, la esfera. En el caso del plomo, su tensión superficial es mucho mayor que la del agua, por lo que al caer forma esferas mucho más perfectas.

"Torres de perdigones" por el mundo

Este tipo de torres se llaman también "torres de tiro" o "shot towers" en inglés y hay muchos ejemplos repartidos por el mundo. En España hay varias y en Andalucía conservamos aún en Almería, donde podemos ver una en la capital y otra en Adra (la cual conserva bajo la torre un refugio antiaéreo de la Guerra Civil); en Córdoba; en Linares se conservan las de las fundiciones La Cruz y La Tortilla; otras dos se conservan en La Carolina; o la que hoy nos ocupa en Sevilla, entre otras.

De las conservadas en otros países, quizás la más llamativa es la de Melbourne, conocida como Coop's shot Tower, se levanta en 1888 y se encuentra conservada hoy dentro de una estructura que la protege, en el interior de un enorme complejo comercial.

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2 comentarios en “La Torre de los Perdigones de Sevilla: reliquia del pasado industrial.”

  1. Ahora vivo al lado de ella. Cuando abro los ojos desde mi cama y la veo no puedo evitar sonreír. Me fascina desde muy pequeña cuando venía al barrio desde Triana para ver a mis cuatro abuelos. Me daba la bienvenida y también sonreía porque era el preludio del amor incondicional que iba a recibir durante la tarde. Me ha encantado poder saber más de ella. Ahora todavía me gusta más. Muchas gracias José Manuel. Un abrazo

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