Las torres hermanas de La Giralda.

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La Giralda siempre se ha considerado una de las tres torres hermanas de la época almohade junto con la Koutoubia de Marrakech y la Torre Hassan de Rabat.

Hoy hablaremos de las tres, pero quiero empezar mi relato en Salé, ciudad vecina de Rabat y que en época almohade era la principal ciudad portuaria de Marruecos. Salé es uno de "mis lugares en el mundo" pendiente aún de conocer. He estado dos veces justo enfrente, en la otra orilla del Bou Regreg, en Rabat, capital actual de Marruecos, pero en ninguno de los dos viajes pude visitar la antigua capital portuaria marroquí. La primera vez que estuve en el país vecino, la niebla matinal me impedía ver con claridad Salé desde la Kasbah de los Oudayas en Rabat, y apenas pude divisar la silueta de la medina y alguno de los alminares que sobresalían de ella. La segunda vez, el sol alumbraba en la lejanía la antigua ciudad y ahí fue cuando supe que alguna vez tendría que ir. Allí embarcaban los califas almorávides y almohades para venir a Sevilla. Hacia allí marchó el cuerpo de Abu Yakub Yusuf desde Isbilya, tras morir en la batalla de Santarem. Sus restos entraron en Isbilya atravesando el puente de barcas de Triana que él mismo había mandado construir años antes y desde  Isbilya, el cortejo fúnebre embarcó hacia Salé, dejando la mezquita aljama sevillana apenas iniciada y el alminar, tan solo levantaba del suelo aún las primeras hiladas de piedra. En Salé embarcaría su hijo Abu Yusuf Yakub al Mansur para venir a Isbilya y continuar con la labor iniciada de su padre. Hacia allí marcharon las tropas de Alfonso X en 1260, una vez que Sevilla ya era cristiana, para intentar acabar con el asedio musulmán de las costas peninsulares. Sentí, en esa lejanía desde la Kashba de Rabat, con el río separándonos, que aquella ciudad escondía parte de la historia de mi ciudad. Sentí en aquel segundo viaje que Salé tenía que estar en la lista de futuras ciudades por conocer, al igual que Tinmel y Agmat (ciudad donde surge el movimiento almohade la primera; donde fue exiliado al Mutamid, el "rey poeta" de Sevilla y primera capital almorávide la segunda), ambas en las cercanías de Marrakech.

La actual Rabat surge precisamente allí, en aquella kasbah (lo que entenderíamos por alcazaba en español), desde la que contemplaba Salé, levantada por los almorávides para defender la desembocadura del Bou Regreg y el puerto de Salé. Los almohades la ampliaron y en ella construyeron un palacio y una mezquita. Sería el origen de Rabat. En la kasbah rabatí, todavía podemos ver huellas de aquella época, como la Bab al-Kébir (la Gran Puerta), levantada en tiempos de Abu Yusuf Yaqub al-Mansur.

De Rabat llegué a Marrakech, ciudad hermana de mi Sevilla por su pasado común, porque ambas fueron capitales de la misma gente, del mismo arte, de la misma historia, casi novecientos años atrás. Pasear la medina de Marrakech es pasear la Sevilla almohade. Evidentemente, cualquier ciudad importante de Marruecos, nos lleva inconscientemente a imaginar las ciudades andalusíes como Córdoba, Granada, Murcia, Valencia,.... pero Sevilla, o Isbilya, al ser capital durante el período almohade, tiene un legado arquitectónico de esta época tan importante, que es inevitable pasear la ciudad marroquí sin ver allí reflejada la Sevilla musulmana. Este post nos llevará hoy a conocer dos alminares contemporáneos de la Giralda: la Koutubia en Marrakech y la Torre Hassan en Rabat. Las tres torres están declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO.

El movimiento almohade surge a 80 km al sur de Marrakech, como respuesta a la relajación religiosa de los almorávides. Se desarrolla en Tinmel durante la década de 1120, y desde allí se extienden por el Magreb occidental y posteriormente por al Andalus, sustituyendo a los almorávides. Dominarán la parte occidental del Islam desde 1145-46, hasta 1232 en el caso de al Andalus, y hasta 1268 en el caso del Magreb.

En la península, la derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, supondrá el inicio del fin de su poder. A lo largo de la década siguiente, irán desapareciendo y replegándose hacia Marruecos. En al Andalus, sus dominios se dividirán en pequeños reinos taifas, de los cuales, los del valle del Guadalquivir, acabarán cayendo poco a poco en manos cristianas durante las décadas centrales del siglo XIII. El entorno de Granada acabará formando el reino nazarí, último rescoldo musulmán en la península, que sobrevivirá hasta 1492. En el Magreb, los Benimerines terminarán por conquistar Marrakech en 1268 y Tinmel en 1269, terminando así el período almohade.

"¿Qué es de Valencia y sus huertos? ¿Y Murcia y Játiva hermosas? ¿Y Jaén? ¿Qué es de Córdoba en el día, donde las ciencias hallaban noble asiento...? ¿Y Sevilla...? Tristes lágrimas ahora vierta todo fiel creyente del Islam". Abu I-Barka de Ronda.

Los almohades eran bereberes, al igual que los almorávides. Nómadas de la cara norte del Atlas, cuyo poder se basó principalmente en lo militar y en lo religioso, buscando volver a la pureza inicial del Islam.

Controlarán sus dominios a través de sus principales ciudades. Varias serán las que funcionen como capitales a lo largo del califato:

  • Tinmel se considerará su capital religiosa y cultural, centro y origen del movimiento, primera ciudad fundada por ellos y última en caer en manos de los benimerines.
  • Marrakech será vista como capital absoluta. La ciudad, fue la capital almorávide y a ellos se debe también su fundación, manteniendo la capitalidad bajo los almohades.
  • Capitales regionales como Túnez, Salé la que posiblemente fuera una "nueva capital" inacabada, Rabat, o la capital andalusí, Isbilya.

En la península, en un primer momento se pensó en Córdoba para ejercer como capital, pero los almohades tuvieron la tendencia de acercar al mar sus principales centros de poder una vez que dominaron territorios a ambos lados del Mediterráneo. Así, Túnez desplazará a Kairuán como capital de Ifriquiya; Salé se convierte en puerto principal a la par que surge frente a ella Rabat, que se convertirá en el barrio palatino de Salé; o Sevilla (Isbilya), que al ser un importante puerto fluvial, se convierte en la ciudad idonea para controlar los territorios andalusíes, a la vez que facilitaba la comunicación con los territorios norteafricanos.

LAS TORRES HERMANAS DE LA GIRALDA


Importante fue el legado artístico que dejaron los almohades, especialmente en la arquitectura. Por eso he querido centrar el tema de hoy en tres alminares o minaretes, de tres grandes mezquitas construidas por ellos. Tres torres levantadas con pocos años de diferencia, donde una beberá de la otra, formando así un conjunto de "torres hermanas", de similares proporciones y con motivos decorativos similares.

De las tres torres hermanas, la primera en nacer fue la Koutoubia. Esta fue la segunda de las torres con el mismo nombre construida en Marrakech. La primera fue almorávide, levantada por los fundadores de la ciudad como alminar de la mezquita principal. A la llegada de los almohades, la primera mezquita y el alminar se derribarán para construir la actual. De la mezquita quedan aún restos, del alminar se conserva todo. Koutoubia quiere decir literalmente "de los libreros", al parecer porque allí se colocaban a su alrededor los puestecillos de los vendedores de libros.

La Koutoubia almohade nacerá a mediados del siglo XII, unos treinta años antes que el alminar sevillano. Ronda los setenta metros de alto, es el edificio más alto de la ciudad, y es la mejor forma de ver cómo era la torre sevillana antes de los añadidos renacentistas de Hernán Ruiz el Joven. En ella podemos ver elementos típicos de la decoración almohade como los paños de sebka, que serán tan característicos de la Giralda, del Patio del Yeso del Alcázar sevillano, de la Alhambra, e incluso de construcciones mudéjares posteriores como el palacio de Pedro I, también en el Real Alcázar. Igualmente podemos ver el remate con el yamur y sus bolas doradas, como el que lució la sevillana hasta que el terremoto de 1356 lo derribó. La principal diferencia entre la Koutoubia y la Giralda es que la primera, está construida en piedra, más abundante en la zona, pues Marrakech está situada a los pies de la cordillera del Atlas, mientras la Giralda solo tiene de piedra la base y el resto es de ladrillo.

La mejor forma de imaginar la Giralda original del finales del siglo XII, es contemplando la Koutoubia de Marrakech. Lo podemos comprobar en las dos fotografías anteriores. En la de la izquierda vemos el alminar marroquí, con su doble cuerpo, el principal y el que lo remata, coronándolo todo el yamur. En ella se aprecia la decoración típica almohade. Aunque ha sufrido restauraciones y añadidos, conserva su fisonomía original. En la fotografía de la derecha vemos el dibujo a tinta que nos dejó Alejandro Guichot en 1909, conservado en el Museo de Artes y Costumbres Populares. En él podemos ver las tres etapas de la torre sevillana. A la izquierda vemos la representación de la torre almohade, claramente inspirada en la Koutoubia. A la derecha nos muestra la torre tras la caída del yamur en el terremoto de 1356, al que sustituyó una espadaña con campana. Al centro, la torre una vez construido el remate y campanario de Hernán Ruiz el Joven entre 1558 y 1568. A partir de ese momento es cuando pasaría a conocerse como la Giralda, siendo la imagen que podemos disfrutar hasta hoy. A continuación pueden ver otras imágenes de la Koutoubia de Marrakech.

La Giralda se comienza a construir en 1184 bajo el mandato de Abu Yaqub Yusuf en piedra. El califa moriría meses después en la batalla de Santarem, Portugal, y las obras se paralizaron hasta que su hijo, Abu Yusuf Yaqub las reiniciara en 1188-89. La obra continuará ya en ladrillo, más fácil de conseguir, algo que haría el alminar también más liviano. En el interior del alminar, unas rampas permitían la subida más fácilmente del almuédano hasta la parte alta para llamar a la oración. La Giralda será la más refinada estéticamente. La decoración se distribuye a lo largo de tres hileras verticales que ocupan gran parte del cuerpo principal de la torre, teniendo sus cuatro caras diferentes. Esta triple hilera decorativa y el mayor número de vanos o ventanas que las otras, le dan una aerosidad mayor, haciéndola parecer no solo más liviana, también mucho más esbelta. Esa esbeltez se acentuará aún más con el remate renacentista, alcanzando los 100 metros de altura. El segundo cuerpo se encuentra oculto por los añadidos renacentistas, algo que cambió de forma radical su fisonomía original, convirtiéndose en paradigma de la perfecta conjunción entre dos estilos tan diferentes.

La Torre Hassan de Rabat es otra de las torres hermanas de la Giralda. Un alminar que nunca se terminó y que iba a formar parte de la mayor mezquita del mundo tras la de Samarra. Abu Yaqub Yusuf, el califa que mandó construir la mezquita sevillana, fue quien manda construir la nueva mezquita y el alminar sobre una colina de Rabat. Las obras de la mezquita comenzaron en 1184, igual que la Giralda. Tras la muerte del califa, como ocurrió en Isbilya, las obras se paralizan, siendo ya retomadas en 1195 por su hijo, pero la muerte de este en 1199 hicieron parar de nuevo las obras y nunca llegaron a retomarse. Lo que hoy encontramos es una torre de algo menos de cuarenta metros, inacabada, con una rica decoración de arquillos polilobulados y paños de sebka. El estar a medio construir le da un aire romántico, algo que se refuerza aún más con el bosque de columnas que la precede, colocadas recordando la sala de oración de esa gran mezquita que el califa pretendía levantar y que quedó en un proyecto apenas iniciado. La primera vez que estuve allí, la niebla era tan densa que apenas si conseguí adivinar su silueta, algo que acentuaba el romanticismo del lugar y uno de los motivos por los que quise volver una segunda vez.

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José Manuel Villalba Rodríguez

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