La Torrecilla de Triana y el Hoyo de los Muertos.

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Ni La Torrecilla de Triana ni el Hoyo de los Muertos, forman parte de los monumentos de esta ciudad, ni tampoco de los lugares de interés; pero sí forman parte de su historia. Estos lugares fueron protagonistas en la epidemia de fiebre amarilla del año 1800, que afectó a gran parte de Sevilla, y en particular a Triana.

Donde hoy encontramos el Barrio León, un bar-restaurante, la casa hermandad de San Gonzalo, un asilo de ancianos, un pequeño parque y el tramo de Ronda de Triana que va desde San Martín de Porres hasta San Vicente de Paul, fue antiguamente una parcela agrícola, un cortijo que a las afueras de Triana, en la Vega, ocupaba el espacio comprendido entre los caminos que llevaban a San Juan de Aznalfarache y a Tomares, era conocida como la Torrecilla de Triana y hoy conoceremos la epidemia de 1800 a través de ella.

La historia de esos antiguos caminos que acabaron siendo calles, es realmente apasionante y por ellos discurrió parte de nuestra historia. Si en el siglo XIII, Alfonso X recorrió lo que hoy es la calle Castilla para llegar hasta Niebla, el califa Abu Yaqub Yussuf había recorrido un siglo antes lo que hoy es Álvar Núñez o la actual Avenida de Coria para subir a su fortaleza, Hisn al-Faray, en San Juan de Aznalfarache.

Calles alejadas del centro histórico que también tienen sus historias que contar. A los largo de los siglos de vida de Triana, miles fueron los hombres y mujeres que anduvieron estos caminos para traer los productos agrícolas a la capital. La economía de un barrio y de una ciudad, circulaba por estas arterias de tierra amarillenta. Cuando Triana quedaba aislada de Sevilla por las inundaciones y el puente de barcas se rompía por la fuerza del río, el comercio trianero se concentraba en el Aljarafe y estos caminos eran las vías de comunicación.

Si nos vamos a un mapa actual y localizamos la calle San Jacinto, esta, al llegar al final (lo que hoy es la plaza de San Martín de Porres) se bifurca. Hacia la izquierda, Álvar Núñez sería el camino que iba hacia San Juan Bajo y la actual avenida de Coria hacia Tomares y Aznalcázar o San Juan Bajo y Alto. Pasada la actual barriada de la Dársena (en lo que hoy es el Parque de la Vega de Triana), al camino de Tomares se le unía otro que venía de lo que hoy es San Vicente de Paul, antiguo callejón de la Cohetería, que partía antaño de la antigua Cava y que se dirigía a lo que se conocía como el Tejar del Chocolatero (del que aún se pueden observar restos del trazado sobre el mapa) y acababa uniéndose con el camino de Tomares, Aznalcázar y San Juan.

Pues entre estas dos arterias principales del comercio antiguo, los caminos de San Juan y de Tomares, se encontraba esta finca de la que hoy hablamos: La Torrecilla de Triana y dentro de la finca, el Hoyo de los Muertos.

Hay noticias de estas huertas desde comienzos del siglo XVIII, pertenecieron a la parroquia de Santa Ana, pasando más adelante a manos de otro propietario, un holandés y a principios del siglo XX a José León y León. De la finca agrícola original, se irían desmembrando partes a lo largo del tiempo para darle otros usos. La primera parte de la parcela que se separa de la finca original sería lo que hoy ocupa el asilo de ancianos de Nuestra Señora de Consolación, conocido como las "Hermanitas de los Pobres", con entrada por la avenida de Coria y situado justo enfrente de la Torrecilla de Triana. Ese terreno acabaría convirtiéndose en cementerio como ahora veremos y el resto, tiempo después en nuevas viviendas.

Sevilla ha sido sacudida por cientos de epidemias a lo largo de su casi treinta siglos de vida. El ser ciudad portuaria, las continuas inundaciones y el beber agua de río o, en el mejor de los casos, de pozos, a veces contaminados, eran el caldo de cultivo perfecto para ser un foco continuo de enfermedades. Probablemente, junto con Venecia, han sido las ciudades más castigadas por las epidemias durante su historia.

Normalmente eran las parroquias las que daban cobijo a los vivos en caso de inundaciones y también, en caso de epidemias, sería en ellas donde primero se llevaba a las víctimas. Con la epidemia de fiebre amarilla de 1800 que llegó de Cádiz (al parecer, procedente de La Habana), como ocurría siempre en estos casos, los primeros contagios se detectaban en los barrios más relacionados con el río, pues por él llegaban los barcos, las mercancías, y con ellas los contagiados. La primera en padecer sería Triana, seguida luego por el barrio de los Humeros y tras él, el de San Vicente, llegando a afectar a toda la ciudad. Se calcula que gran parte de la población se contagió y aproximadamente un 20% falleció. La población de Sevilla rondaba en esos albores del siglo XIX los 75.000/80.000 habitantes. Muy pocos si tenemos en cuenta que doscientos años antes, con el esplendor del comercio con América, la ciudad sobrepasaba los 120.000, y según algunas fuentes, llegaba hasta los 150.000.

Triana fue aislada con motivo de la fiebre amarilla hasta ver como controlar la situación, y los fallecidos se llevaron a Santa Ana hasta que no hubo cabida para más. Llegado el momento, ante la imposibilidad de acumular más cadáveres, se buscó un lugar alternativo y lo mejor era hacerlo en un espacio en las afueras, alejado de la zona habitada. Al final de la calle San Jacinto, de lo que era por aquel entonces la principal vía de comunicación con el Aljarafe, se encontraba la finca de la Torrecilla de Triana, una de las mayores de la Vega trianera y allí se comenzaron a llevar los cuerpos. Desde ese momento, al cementerio improvisado se le conocería como el Hoyo de los Muertos. 

En la bibliografía existente, podemos encontrar escrito tanto "Hoyo de los Muertos" como "Hoyo del Muerto" . Justino Matute en su "Aparato para escribir la historia de Triana" lo llama Hoyo de los Muertos. Esta publicación es de 1818, apenas 18 años posterior a la epidemia y está considerado libro de cabecera para conocer la historia del barrio, por eso he querido usar esa denominación. En bibliografía posterior, como en el caso de Manuel Macías, Mercedes Díaz Garrido o José Luis Ruiz Ortega, aparece denominado como Hoyo del Muerto.

Según algunos historiadores, las víctimas en Sevilla se contaron por miles. En Triana, los fallecidos fueron casi dos mil y la zona más afectada, la comprendida entre el Altozano y Santa Ana.

Tras usar parte de la finca de la Torrecilla de Triana como cementerio, un siglo más tarde, ya en la década de 1920, una nueva parte de la finca cambiará de uso. José León y León, propietario de los terrenos, levantaría lo que pasaría a ser el Barrio León. Dos décadas más tarde, ya en los años cuarenta, los terrenos de la Torrecilla verían construir una nueva barriada, la de San Gonzalo. Dos nuevas barriadas por tanto, levantadas en terrenos pertenecientes a esta antigua finca agrícola. Serían de las primeras barriadas construidas en la Triana "extramuros", es decir, al otro lado de la Cava, frontera histórica entre la Triana antigua, la habitada, y la Vega.

El tiempo transcurrió, la zona terminó por quedar toda urbanizada y sobre los terrenos del "Hoyo de los Muertos" se levantaría en 1943 el asilo de ancianos que vemos actualmente. Por otro lado, el edificio principal de la finca, se convirtió a finales del siglo XX en lo que vemos hoy, un bar-restaurante muy conocido.

Otra parte que perteneció a la finca y que se urbanizó más tarde, fue lo que hoy ocupa el tramo de Ronda de Triana que va desde la plaza de San Martín de Porres hasta la confluencia con San Vicente de Paul. Hasta la década de los 80, estaba ocupado por las antiguas cocheras del tranvía, derribadas con la remodelación de la zona, con motivo de la Expo 92 para construir la avenida actual.

La denominación de "Hoyo de los Muertos" es poco conocida en la ciudad. A veces este tipo de cosas se olvidan pronto, el mejor ejemplo lo tenemos actualmente con la pandemia de Covid. En aquellos tiempos, las medidas que se tomaban eran similares a las actuales: zonas confinadas, controles para salir o entrar en las ciudades, recomendaciones de quedarse en casa, y todo tipo de precauciones parecidas a las que estamos viviendo hoy. La mayor diferencia entre las epidemias de antaño y lo que estamos viviendo actualmente, radica en que hoy se prohiben o se intentan evitar las aglomeraciones, las reuniones de muchas personas y todo lo que tenga que ver con concentrar muchas personas en el mismo lugar. Antiguamente, en épocas de epidemias, se organizaban con frecuencia procesiones de rogativas, para pedir por el final de la enfermedad. Lo que antiguamente se veía como una medida para terminar con los contagios, provocaba el efecto contrario. Al reunirse la gente para la procesión, el efecto era el contagio masivo, favoreciendo la rápida propagación de la enfermedad. En Sevilla fueron muchas las imágenes que llegaron a alcanzar fama de milagrosas durante estos episodios, llegando a procesionar a veces a diario rogando por el final de la enfermedad. Un ejemplo es el del Cristo de San Agustín.

Triana, al ser el lugar más cercano al puerto y al ser la zona de Sevilla más maltratada por las frecuentes avenidas del río, ha sido también el lugar más afectado por las diferentes epidemias. Esta de 1800 fue tan solo una de ellas, y aunque no queden evidencias visibles de ello, sirva este artículo para que algunas personas más conozcan esta historia y ubicar en el mapa la Torrecilla de Triana y el Hoyo de los Muertos.

Para ver MAPA de la zona en Google Earth pulsar AQUÍ (desde un teléfono móvil es necesario instalar la app gratuita de Google Earth, desde un ordenador no es necesario).

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José Manuel Villalba Rodríguez

2 comentarios en “La Torrecilla de Triana y el Hoyo de los Muertos.”

  1. Estupendo artículo para conocer la historia de la «Triana de extramuros» y que a diario pisamos los habitantes de esta zona. Te aplaudo y te animo a que nos ilustres en próximos artículos sobre los caminos que llevaban al Aljarafe y sobre todo sobre «la Vega de Triana» (tan importante como la Triana interior) que fue cortada y desnaturalizada, sacrificada para proteger a Sevilla de las inundaciones.

  2. Muchas gracias Manuel, la Vega está en la lista, así como el Tardón, la Dársena, el Cementerio de San José y otros temas sobre la Triana «extramuros», Irán llegando poco a poco. Hay que reivindicar esa Triana porque también es Triana.

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