La Torre del Oro y sus 800 años de vida.

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En los textos de Ibn Abi Zar, se indica su construcción de la Torre del Oro de Sevilla en el 617 de la Hégira, concretamente entre el 8 de marzo de 1220 y el 24 de febrero de 1221 del calendario gregoriano. Hoy por tanto, 24 de febrero de 2021, celebramos el octavo centenario de su conclusión, 800 años de vida custodiando el Guadalquivir, pasando por épocas de esplendor, de olvido y de decadencia, hasta el punto de casi desaparecer. Hoy uno de los símbolos más reconocibles de Sevilla y uno de los monumentos más fotografiados. Conozcamos un poco de su historia como homenaje a esta efeméride.

Fue de las últimas empresas constructivas que llevaron a cabo los almohades durante su estancia en Sevilla (1147-1248), completando el sistema defensivo de la ciudad con una coracha o lienzo de muralla que salía de la cerca defensiva del Alcázar y llegaba hasta el río, terminando en esta torre albarrana que sirvió de defensa del Guadalquivir, es decir, se podía llegar desde el Alcázar a la Torre del Oro caminando por el adarve de la muralla, sin pisar la calle. Desde ella, según se deduce de La Primera Crónica General de Alfonso X El Sabio, salía una cadena que enganchada en la orilla trianera, se tensaría o destensaría impidiendo o permitiendo a los barcos salir y entrar del puerto.

Los almohades habitaron Sevilla durante casi un siglo, dominaron todo el Magreb occidental (Marruecos, Argelia y Túnez) y lo que quedaba de al-Andalus. La Sevilla musulmana, Isbiliya, fue capital tanto con los almorávides como con los almohades. Con estos últimos fue tanto capital de al-Andalus mientras que Marrakech lo fue del Magreb, como también durante un período fue la capital absoluta del califato. Es por ello que se llevara a cabo un enorme esfuerzo constructivo, tranformando por completo tanto las dimensiones como la fisonomía de la ciudad, especialmente entre 1163 y 1199, con Abu Yaqub Yussuf y Abu Yussuf Yaqub, su hijo.

De esta época quedan abundantes testimonios, unos visibles, otros desaparecios u ocultos por otras construcciones posteriores, que nos dan una idea de la magnitud de la reforma llevada a cabo con los almohades, legado que asombró a los castellanos en 1248 cuando conquistan la ciudad.

A los almohades debemos la muralla definitiva y más extensa que tuvo la ciudad con casi siete kilómetros de perímetro (sigue habiendo dos teorías, los que datan su inicio en época almorávide y los que piensan que es totalmente almohade, sin haber aún conocimiento para precisarlo con exactitud); la antigua Mezquita Mayor donde hoy encontramos la catedral y de la que se conservan parte del sahn o Patio de los Naranjos y el alminar, base de nuestra Giralda. Debemos también a ellos el primer puente que tuvo la ciudad, el de barcas, que hasta que se construye el de Triana, fue la única conexión entre ambas orillas; el Castillo para defender el puente y el río; la Buhayra, una almunia o finca de recreo extramuros y que, aunque casi reconstruida, podemos seguir disfrutándola; diferentes palacios harán que el Alcázar alcance su máxima extension en esta época, de los que apenas conservamos restos debido a las reformas y construcciones posteriores, como el Palacio Gótico de Alfonso X o el Palacio de Pedro I. Almohade es también el acueducto conocido como Caños de Carmona; en origen una conducción de agua que los romanos realizaron para traer agua desde Alcalá de Guadaíra, construido en ladrillo en época almohade y del que conservamos hoy apenas unos pequeños fragmentos. La ciudad se dotó con ellos de atarazanas, de baños públicos, de un antemuro defensivo en las murallas y de un amplio caserío que formarán la ciudad más grande hasta ese momento.

Construido el puente de barcas y junto a él, el castillo defensivo, la Torre del Oro vino a completar la defensa del río, además de controlar desde ella la desembocadura del arroyo Tagarete y la entrada a las atarazanas. El puerto quedaba por tanto bien definido en esta época y también bien defendido; un extremo se controlaba desde el castillo y el otro desde la Torre del Oro. La amenaza cristiana era cada vez más patente, especialmente tras la derrota musulmana en las Navas de Tolosa en 1212 y la ciudad debía estar preparada y bien defendida ante posibles ataques. La Torre del Oro será la última construcción importante llevada a cabo por los almohades, cerrando así casi un siglo de enriquecimiento y monumentalización de la capital almohade y a la que debemos en gran parte la Sevilla que hoy tenemos.

 

LA TORRE DEL ORO


Es la torre defensiva más famosa de la ciudad y su apelativo "del Oro" era ya usado por los almohades, haciendo referencia al brillo dorado que desprendía al darle el sol, debido al revestimiento a modo de enfoscado, a base de una mezcla de mortero de cal y paja prensada. Esto quedó demostrado tras la restauración de 2005/06, desmintiendo la falsa leyenda que decía que el "del Oro" venía por haber estado cubierta de azulejos.

Tiene 36,75 metros de altura por 15,20 de diámetro y se compone de tres cuerpos; el primero almohade de 1220/21; el segundo protagonista de discordias unos piensan que es almohade modificado un siglo después ya en estilo mudéjar, y otros se decantan por darlo como original de época mudéjar; de y un tercer cuerpo cilíndrico rematado por una cupulilla cubierta de azulejos de 1760, obra de Sebastián Van Der Borcht.

Los dos primeros cuerpos son dodecagonales y en el centro un machón central hexagonal alberga el cuerpo de escaleras. El primer cuerpo se compone de cuatro cámaras superpuestas. La inferior fue descubierta en 1976 y parece que fue macizada tras el terremoto de Lisboa de 1755 y mediría unos 3,70 metros de alto. La cámara primera es por la que hoy se accede desde la calle, se encuentra a la altura de lo que sería el adarve de la muralla; por tanto, debía de estar elevada al menos 12 metros desde la cota del suelo cuando fue construida.

La escalera se encuentra en el centro del edificio y de ahí se accedería a la cámara inferior ya cegada y a las cámaras superiores, muy similares a la primera. Las cubiertas son a base de bóvedas de arista, más simples en la primera cámara y algo más decoradas en las superiores.

Del exterior, los vanos que pertenecen a la torre construida por los almohades deben ser las saeteras, la banda de arcos ciegos que rematan el primer cuerpo con las verdugadas de ladrillos que los enmarcan y posiblemente también las pequeñas ventanas con arco de medio punto de la cámara superior. El resto serían añadidos posteriores.

El segundo cuerpo estaba totalmente enfoscado y pintado hasta la restauración de 1899 que dejó al descubierto la decoración de arquillos ciegos. Existe mucha información sobre esta intervención gracias a José Gestoso, quien participó en calidad de arqueólogo. Cuenta Gestoso que encontró los azulejos que decoraban el segundo cuerpo de la torre en la escombrera a pie de obra. A partir de sus testimonios los azulejos fueron rehechos y colocados en sus lugares originales. Dice que consiguió que se respetasen dos pequeños capiteles de barro cocido que se encuentran en la fachada que mira al río y un tercero que se ha localizado entre los fondos del Museo Arqueológico.

Con el terremoto de Lisboa la torre estuvo a punto de perderse, quedando en mal estado y siendo necesaria una importante restauración. En ella se maciza como hemos dicho la planta más baja de la torre para que sirviera de refuerzo a la cimentación, se abrieron las grandes ventanas del segundo cuerpo, se eliminaron las ladroneras que se le habían añadido a la torre probablemente durante el reinado de Alfonso X o el de Sancho IV y se construye el tercer cuerpo, que sirve de remate a la torre actual.

A pesar de los añadidos, modificaciones y restauraciones sufridas, la Torre del Oro se conserva, en esencia, bastante completa. El paso del tiempo y las continuas subidas de nivel de la ciudad hace que veamos hoy una torre más baja, ya que se encuentra en parte "enterrada" unos nueve metros. Tenemos que imaginar la torre unida a la muralla y prácticamente rodeada de agua pues en la parte norte de la coracha el agua del río entraba en las atarazanas, situadas en época almohade en lo que hoy es el edificio de Previsión Española y en el lado sur desembocaba el Tagarete. La Torre del Oro por tanto defendía el puerto, pero también la entrada a las atarazanas y la desembocadura del arroyo Tagarete, ya hoy desviado a las afueras de la ciudad. Curiosamente hay ejemplos de torres similares en otros lugares como en Monastir (Túnez), allí se conserva una importante fortificación levantada por los hafsíes, herederos de los almohades en tierras tunecinas y con una arquitectura similar, que nos sirve para visualizar cómo sería la Torre del Oro del siglo XIII.

En 1870 pasa a manos del Ministerio de Marina, actualmente pertenece al Ministerio de Defensa y en su interior alberga el Museo Marítimo de Sevilla desde 1942. Feliz aniversario y que Sevilla pueda disfrutar de ella durante muchos siglos más.

La Torre del Oro ha sido testigo de alguno de los principales acontecimientos de la vida de la ciudad, pero hay dos que quiero destacar a modo de despedida y como homenaje a estos ocho siglos de historia que celebramos. El primero cuando apenas tenía 27 años de edad, era 1248 y las tropas cristianas tenían cercada la ciudad. El rey Fernando recibe la ayuda de barcos cántabros al mando del burgalés Ramón Bonifaz y estos, según las crónicas, rompieron las cadenas que defendían el puerto de Isbiliya, hecho fundamental pues aceleraría la rendición musulmana ante las tropas castellanas. Sobre estos acontecimientos hay dos opiniones pero, para no alargar más el artículo, eso lo dejo para mis visitas guiadas. Esto hace que en varios escudos cántabros como por ejemplo el de Laredo, Santander o el de la comunidad de Cantabria y en otros de la comunidad asturiana, aparezcan alusiones a las cadenas y la Torre del Oro. El tema de la Torre del Oro en escudos cántabros y asturianos es muy interesante. Al final de este artículo te dejo un enlace al artículo sobre Ramón Bonifaz en el que podrás saber más sobre este tema y sobre las famosas cadenas que también aparecen en estos escudos, conservadas en Laredo.

Por último, el segundo episodio histórico del que fue testigo fundamental nuestra Torre del Oro y que quería resaltar aquí, sería vivir en primera linea el tránsito del puerto sevillano durante el siglo XVI, época de máximo esplendor de la ciudad, convertida en puerto y puerta de Indias. Nuestra torre estaba siendo testigo del comercio internacional que desfilaba ante ella; oyendo las salvas que disparaban desde el Baratillo y el repique de las campanas de La Giralda y de Santa Ana cuando llegaba la flota de Indias; siendo representada en grabados, dibujos y óleos como parte fundamental del paisaje del puerto, convertido durante el 1500 en uno de los centros económicos del mundo; marcando el inicio y el final del camino hacia el Nuevo Mundo; siendo imagen de una Sevilla enriquecida y poderosa y de un imperio donde ahora, nunca se ponía el sol.

Lope de Vega describía así la imagen:

"Vienen de Sanlúcar

rompiendo el agua,

a la Torre del Oro

barcos de plata" 

 

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José Manuel Villalba Rodríguez

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