El Puente de Barcas entre Sevilla y Triana.

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Si se hubira conservado el Puente de Barcas de Sevilla, el 9 de octubre de este 2021 hubiera cumplido 850 años de vida. Como hemos visto en anteriores entradas de este blog, el de barcas fue el único puente que tuvo la ciudad hasta que se construyó el de Isabel II, conocido como Puente de Triana.

Hablar del Puente de Barcas es hablar de la historia de la ciudad, del comercio, de las relaciones entre Triana y Sevilla, del Guadalquivir y sus crecidas. La historia de Sevilla ha estado durante ocho siglos y medio marcada por la historia del Puente de Barcas.

El Puente de Barcas se construye en el año 1171 cuando los almohades habitaban la ciudad. Lo manda construir el califa Abu Yaqub Yusuf para tener un acceso más fácil a la otra orilla, y facilitar así también la llegada de productos desde el Aljarafe, uno de los grandes proveedores de víveres de la ciudad. Triana por aquellos tiempos era una alquería, o lo que es lo mismo, un terreno agrícola con muy poca población.

La construcción del puente permitió que la otra orilla fuera más apta ser habitada. La ampliación del Alcázar hizo que los hornos de cerámica, que se ubicaban en su mayoría en la zona de la Puerta de Jerez, fueran desplazados a un lugar más alejado. Era una industria muy contaminante, molesta por el humo que expulsaban los hornos y Triana, al estar apartada de la ciudad, se convierte en el lugar ideal para ubicarlos. A esto se une la construcción del Castillo de Triana y la zanja defensiva que los almohades abren alrededor de este. Esa zanja creaba un rectángulo frente a Sevilla, en la otra orilla, con el castillo defensivo en el centro. La zanja estaba hecha para que el agua del Guadalquivir la inundara, creando un foso defensivo que convertía Triana en una isla artificial frente a Sevilla. Una isla muy bien protegida. Ese foso se conoció en época cristiana y hasta mediados del siglo XIX que comienza a cegarse, como La Cava de Triana (actualmente se correspondería con las calles Alvarado, Clara de Jesús Montero, Pagés del Corro, Génova y Gonzalo Segovia).

Triana se convertía así en un lugar bien defendido por castillo y foso. Estaba justo en la margen derecha del río y del puerto, algo que ofrecía muchas posibilidades económicas. Al inundarse con frecuencia, ofrecía barro en abundancia para la alfarería y la cerámica. La zanja abierta por los almohades protegía en parte el terreno de estas inundaciones a la zona habitada. Triana se convertía en pocos años en un lugar protegido, industrial, a orillas del puerto y bien comunicado con Sevilla a través del puente. Triana era el futuro, el nuevo lugar de expansión de Sevilla y el puente fue el detonante del surgir del arrabal más importante de la ciudad.

Durante 681 años fue el único paso permanente entre ambas orillas (entre 1171 y 1852). Se construyó en treinta y seis días y lo formaban trece barcas chatas, amarradas entre sí. Sobre ellas, tablas de madera formaban el tablero por donde circular. Las barcas estaban varadas al fondo del río mediante anclas. Dos pilares servían de base en ambas orillas donde se sujetaba con cadenas. Las mareas hacían que el río subiera y bajara con ellas, lo que se solventó con muelles flotantes en cada extremo. A todo lo largo se colocaron pieles de cabra hinchadas con aire. El puente mediría casi 150 metros de longitud y tendría una anchura de unos 7 metros.

El castillo serviría para defender el puente y el puerto, ese rincón entre Sevilla y Triana se había convertido en poco tiempo en uno de los puntos claves de la ciudad y uno de los más transitados, siendo vital para el comercio en el día a día de Sevilla y Triana.

La inauguración oficial del puente la harían las tropas almohades que atravesaron el puente marchando hacia Badajoz, que se encontraba sitiada por los cristianos. Años después, en 1184, el cuerpo sin vida del califa Abu Yqub Yusuf lo cruzaría en el sentido Triana-Sevilla tras fallecer en la batalla de Santarem, Portugal. Su hijo y heredero Abu Yusuf Yaqub al Mansur lo cruzaría muchas veces para subir al castillo que había construido en el Aljarafe, Hins Al Faray, desde donde divisaba la ciudad y que tan importante papel desempeñaría años despues durante el sitio de la ciudad por los cristianos y la posterior conquista.

El Cabildo Municipal contemplaba en sus "Ordenanzas municipales" las condiciones en que debía mantenerse el puente, en ellas se especificaba la prohibición de amarrar ningún barco a su estructura.

Las continuas crecidas del río y el creciente tránsito que soportaba, hicieron que el puente tuviera que ser restaurado e incluso reconstruido en muchas ocasiones. La fuerza del Guadalquivir llegó a romper las cadenas del puente varias veces y arrastrar las barcas que lo formaban. Esto hacía que la comunicación entre Sevilla y Triana se interrumpiera en muchas ocasiones. El puente se restauraba o se reconstruia lo antes posible pero a veces, las condiciones meteorológicas y las inundaciones, provocaban el aislamiento durante meses. Sevilla era una gran ciudad, en estos casos el abastecimiento llegaba desde otros puntos de la margen izquierda del río. Triana por el contrario quedaba aislada de Sevilla, teniendo que mirar al Aljarafe como proveedor de alimentos, algo que contribuyó a esa autonomía histórica de Triana con respecto a Sevilla. Los continuos aislamientos por las crecidas del río obligaron a Triana a aprender ser autónoma, a vivir sin depender de Sevilla, algo que marcaría su personalidad durante siglos.

El Puente de Barcas fue el único puente que comunicaba ambas orillas hasta la construcción del Puente de Isabel II o Puente de Triana, inaugurado el 25 de febrero de 1852. Durante la construcción del puente de hierro, el de barcas fue trasladado aguas abajo para ser colocado entre Calle Betis y la Plaza de Toros de la Maestranza (como puede verse en la fotografía anterior). Una vez inaugurado el Puente de Isabel II, se pensó en reaprovechar el de barcas en la Barqueta, facilitando así la comunicación de Sevilla con La Cartuja. Finalmente se descartó, siendo desmontado y subastado, perdiéndose para siempre.

Como curiosidad, decir que el Puente de Barcas aparece también en el escudo del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla.

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José Manuel Villalba Rodríguez

2 comentarios en “El Puente de Barcas entre Sevilla y Triana.”

  1. Visto desde la época actual nos parecerá un puente inseguro e inestable. Pero si se hubiese conservado ya en una dársena sin las corrientes del río afectandole, «como una pasarela» lo bien que estaría, a la altura de la calle Betis todo ocupado por las terrazas de los restaurantes de la zona. En fin se puede retomar aquel viejo puente y construirlo para un mayor atractivo turístico y beneficio de la hostelería.

  2. Pues hubo intención de realizar una réplica y ponerlo sobre el muelle. Sería bonito tener una recreación a modo de pasarela peatonal entre calle Betis y la Maestranza por ejemplo, donde estuvo ubicado mientras se hizo el puente actual pero no podrían pasar barcos e imagino que tampoco piraguas y demás.

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