Catedral de Sevilla: la «Magna Hispalensis».

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"Hagamos una iglesia tal y tan grande que los que la vieren labrada nos tomen por locos"

Esta ya famosa frase forma parte de la tradición oral cuando hablamos de la Catedral de Sevilla. Según el profesor Teodoro Falcón no se ha hallado documento donde aparezca escrita, pero se ha convertido en uno de los emblemas de la catedral de Santa María de La Sede, que ese es su verdadero nombre.

No pretendo en este primer artículo del blog dedicado a la catedral de Sevilla entrar en una descripción artística del edificio, ya se hará. La catedral hispalense da para escribir mucho sobre ella y esta primera vez simplemente pretendo situar cronológicamente y comentar lo que supuso y lo que supone esta inmensa "montaña hueca" para la historia y vida de la ciudad.

Es sin duda alguna el principal proyecto arquitectónico de Sevilla, el más importante legado que la Historia ha dejado en la ciudad. Parece nacer con vocación premonitoria, un magno proyecto de construcción de uno de los mayores templos del mundo, levantado durante el siglo XV y quedando concluido a inicios del XVI, precisamente cuando Sevilla se convierte en una de las mayores urbes de Europa. La ciudad parece presentir que se avecinaban tiempos de riqueza, tiempos de esplendor político y comercial, el "siglo de oro" hispalense estaba a la vuelta de la esquina y había que estar preparados.

La llegada de Colón a América en 1492 hace que el mundo cambie, que las reglas establecidas hasta el momento dejen de ser válidas, que el eje comercial que hasta el momento había conocido el mundo, el Mediterráneo, se desplace a occidente, al Atlántico y con él todo el movimiento y la actividad de la vieja Europa. En ese nuevo engranaje que se produce en el movimiento comercial, Sevilla se convierte en gran protagonista, en cerebro y corazón de un cuerpo renovado, optimista, de nuevas posibilidades, de riqueza. La llegada de los europeos al "Nuevo Mundo" supondrá una bocanada de aire fresco, una renovación a todos los niveles, es la llegada de una nueva etapa de la Historia y Sevilla, con su catedral gótica, la más grande en su estilo, estaba lista para recibir al comercio mundial.

Tras la entrada de los musulmanes por el estrecho de Gibraltar en el año 711, Sevilla es conquistada y comienza así una nueva etapa que durará más de cinco siglos y llevará a la ciudad a su primera "edad dorada" con los almohades, desde 1147 a 1248 que vuelve a manos cristianas. Cuando llegan los cristianos con Fernando III encuentran una gran ciudad, una ciudad rica, exóticos palacios y una mezquita enorme con un majestuoso alminar. Desde el inicio hubo idea de construir un templo cristiano sobre la aljama almohade pero debido a la magnitud de la empresa se decide "cristianizar" la mezquita y aprovechar el edificio existente para el culto cristiano. Se cambia la orientación norte-sur que esta tenía por la orientación oeste-este siguiendo la tradición, se crearon capillas, se pintaron muros y se realizaron algunas modificaciones pero se mantiene el edificio. Lo que parecían tener más claro los nuevos habitantes es que la majestuosa torre musulmana debía permanecer y ese fue un empeño personal del heredero al trono castellano, Alfonso X quien, ante la idea de los musulmanes de derribar el alminar antes de abandonar la ciudad dijo que, "por cada ladrillo que faltara a la torre cortaría una cabeza". No es difícil imaginar el impacto que una torre de tal belleza y dimensiones, coronada con el yammur con las cuatro manzanas doradas, debió causar a los cristianos después de llevar dieciséis meses intentando conquistar la ciudad, viendo el prodigioso alminar en la distancia.

No será hasta finales del siglo XIV, probablemente a raiz del fuerte terremoto que tanto afectó a Sevilla en 1356 y que derribó el famoso remate de la torre, cuando se empiece a valorar seriamente la construcción de un nuevo edificio, una obra ya cristiana en una ciudad que se iba perfilando como uno de los principales centros económicos y culturales de la Corona castellana.

LA CATEDRAL GÓTICA DE SEVILLA

El proyecto para sustituir el edificio heredado de los musulmanes por una catedral gótica, se enfrentó desde el inicio a varios problemas que había que solucionar. Una obra de ese tamaño necesitaría mucha mano de obra especializada, muchos recursos económicos y el abastecimiento de materiales, fundamentalmente piedra en una ciudad donde no había piedra, ni experiencia suficiente para trabajarla debido a la tradición de la arquitectura en ladrillo, ni tampoco especialistas en dicho trabajo.

El aspecto económico era el menos preocupante. La iglesia poseía muchas tierras y casas por las que recibía rentas, la Corona contribuía economicamente mediante donaciones y mediante la imposición de impuestos temporales como el que se impuso en la venta de carne para ayudar a sufragar los gastos de la construccíon y la nobleza aportaba cuantiosas donaciones para asegurarse un lugar en el cielo cuando les llegara el momento. Lo que más preocupaba era buscar piedra, traerla a Sevilla y encontrar hombres que supieran trabajarla.

La piedra para la nueva catedral de Sevilla se trajo de diversos lugares, desde Jerez, El Puerto de Santa María, Utrera, Morón y más tarde de lugares tan distantes como Jaén o Lagos y Setúbal en Portugal. Para trabajarla no hubo más remedio que buscar fuera lo que aquí no había, por lo que hubo que llamar a alarifes y especialistas en el trabajo pétreo. Para ello pasaron por Sevilla diferentes manos que llegaron de Toledo, Burgos, del Cantábrico, de Borgoña, Flandes o la lejana Alemania a lo que contribuyó que la ciudad de Sevilla suponía en esa época una ciudad en auge que ofrecía un atractivo campo laboral.

Por las obras edilicias pasaron durante el siglo XV y XVI maestros españoles, franceses, alemanes e italianos principalmente y sus trabajos nos dejaron un edificio que podemos catalogar como gótico tardío, con elementos de transición al renacimiento y con partes ya plenamente renacentistas, aunque la catedral ha sufrido reformas y añadidos hasta principios del siglo XX. La lista de artistas es inmensa por lo que entraremos en detalle en futuros artículos.

El proyecto no se presentaba como una tarea fácil, el solar de la antigua aljama musulmana era enorme, por lo que el nuevo edificio quería adaptarse a las dimensiones del anterior y levantar desde cero un templo que ocupara toda la antigua sala de oración de la mezquita almohade. El nuevo edificio se fue construyendo por tramos, es decir, no se derriba desde el inicio el total de la mezquita sino que el derribo se iba produciendo a medida que la nueva construcción avanzaba. La antigua mezquita se había convertido en catedral a la llegada de los cristianos y se había destinado prácticamente la mitad este del antiguo edificio como Capilla Real ya desde la muerte de Fernando III cuatro años después de la llegada a la ciudad. Fue sepultado en dicho lugar, a los pies de la Virgen de los Reyes y ese hecho hizo que cuando más de 150 años después se empiecen las obras del nuevo edificio,  comenzarán por los pies del templo en lugar de por la cabecera que era lo habitual, la nueva construcción empieza por lo que hoy es la Avenida de la Constitución. La Capilla Real debería mantenerse intacta por el momento y sería lo último en ser derribado.

Tenemos por tanto una primera etapa de uso de la antigua aljama reconvertida para culto cristiano, por eso muchos autores hablan de esa primera etapa como la de la "catedral mudéjar", durante el siglo XV y hasta 1507 se levanta la obra gótica y a lo largo del siglo XVI se termina la catedral con la construcción, ya renacentista de la Sacristía Mayor, la Sala Capitular y finalmente (ahora sí), la Capilla Real.

El espacio a cubrir era tan grande que hacer una catedral de tres naves hubiera sido imposible. Se opta así por un edificio de cinco naves más dos naves de capillas laterales. La nave principal y la del crucero quedan por tanto insertadas detro de una planta rectangular y su altura algo camuflada entre semejante bosque de pilares y bóvedas. Las soluciones adoptadas en Sevilla servirán luego de influencia en construcciones de otras catedrales del gótico tardío y de muchos otros templos, especialmente dentro del Reino de Sevilla como en Carmona, Arcos, Jerez o el Puerto de Santa María.

El resultado final de la catedral de Sevilla es un inmenso rectángulo de 116 metros desde los pies a la cabecera y casi 80 metros de anchura que, hasta la construcción de San Pedro en el Vaticano fue la mayor iglesia del mundo. A esto habría que añadir el Patio de los Naranjos, donde aún podemos ver en sus lados este y norte lo que fue el aniguo Sahn de la mezquita, y por supuesto la Iglesia del Sagrario, obra barroca del siglo XVII. Desde 1987, junto con el Real Alcázar y el Archivo de Indias, la catedral forma parte del conjunto declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Por supuesto luego está ella, única, magistral, la protagonista no sólo del conjunto catedralicio sino de toda la ciudad, el faro que la guía, la clave de la cúpula invisible que cobija Sevilla, símbolo de historia y de belleza, el icono con el que todos los sevillanos nos identificamos, ejemplo de belleza platónica y simbiosis arquitectónica, crisol de estilos, poesía hecha arquitectura, pero ella merece un artículo aparte, uno o miles, porque por mucho que escribamos sobre ella, nunca seremos capaces de transmitir lo que supone para Sevilla La Giralda y es que eso, ya es otro cantar.....

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José Manuel Villalba Rodríguez

3 comentarios en “Catedral de Sevilla: la «Magna Hispalensis».”

  1. María José Moreno Herrera

    No se si será cierto,tal vez usted me lo podría confirmar.Contaba mi abuela que en una de las entradas a la catedral,cuelga del techo la maqueta de un barco hecha por mi abuelo D,Eduardo Herrera .En una visita a Sevilla ,intente verlo,pero estaba carrada.Gracias.

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