La obras de Guido Reni para la catedral de Sevilla.

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El pintor italiano Guido Reni hizo tres obras para la catedral de Sevilla, que terminaron saliendo de la ciudad y de España por varios motivos. Las pinturas estuvieron durante más de dos siglos en la catedral y hoy se encuentran en lugares tan alejados como la National Gallery de Londres, el Metropolitan Museum of Art de Nueva York o el Hermitage de San Petersburgo.

A lo largo de la historia del arte hemos visto como muchas obras, especialmente pinturas por su mayor facilidad de transporte, han ido cambiando el lugar para el que fueron creadas por otro. Los museos son precisamente eso, edificios donde se exponen piezas que salieron de su ubicación original, formando una colección de obras exhibidas, a veces en otra ciudad e incluso en otro país diferente de donde fueron o para donde fueron creadas originalmente. Los motivos han sido muy variados pero, la gran mayoría de obras que salieron de un determinado lugar, lo hicieron principalmente por expolios en determinados momentos de la historia o por venta o subasta. Este tema daría para mucho pues la historia de la humanidad está llena de episodios de robo, expolio, subasta o venta de obras de arte, algo en lo que no pretendemos entrar hoy.

El tema central del presente artículo es conocer las tres pinturas de Guido Reni para la catedral de Sevilla. Obras que se realizaron a comienzos del siglo XVII, que se conservaron durante más de dos siglos en la catedral sevillana, que influyeron en la pintura local y que finalmente terminaron por salir del templo mayor hispalense y se encuentran expuestas en tres de los principales museos del mundo. Como suele ocurrir en estos casos, pocas personas saben que formaron parte de nuestro patrimonio en el pasado.

Las influencias artísticas llegaban por dos vías principalmente. La primera era la del contacto directo de un artista con obras, técnicas, estilos, modas u otros artistas. Pongamos el ejemplo de los sevillanos, que viajaban a lugares importantes de la creación artística como Italia o Flandes, aprendían, tenían contacto directo con obras y artistas e importaban posteriormente lo aprendido a su lugar de origen. El otro caso sería el de artistas extranjeros, en el caso sevillano principalmente italianos o centroeuropeos, que acudían a una ciudad próspera económicamente y con un ambiente cultural propicio, en este caso Sevilla, buscando nuevas posibilidades de trabajo. Estos artistas llevarían consigo obras o bocetos propios o de otros artistas. También ejercerían una influencia directa en artistas locales al realizar sus obras en la nueva ciudad a la que llegaban. Un ejemplo de todo esto podría ser en el caso de Sevilla, la llegada de Pedro de Campaña o Hernando de Esturmio que trajeron el renacimiento centroeuropeo a Sevilla y que propiciaría la formación de pintores locales que desarrollarán el estilo durante las siguientes décadas. Otro ejemplo sería el paso por Sevilla de Matteo Pérez de Alessio camino de América y que trajo la influencia michelangelesca plasmándola en su San Cristóbal de la catedral hispalense. ¿Quién no conoce el San Jerónimo Penitente de Torrigiano del Museo de Bellas Artes de Sevilla? Es otro ejemplo similar, trayendo a Sevilla las influencias del renacimiento italiano y ejerciendo una importantísima influencia en el arte local.

Lo mismo ocurre con las tres obras de Guido Reni para la catedral de Sevilla, pintadas durante las primeras décadas del siglo XVII y que posiblemente ejercerían una importante influencia en la pintura sevillana del momento, dejando una huella que luego seguirían los grandes pintores barrocos como Velázquez, Murillo o Alonso Cano.

LA PRESENCIA DE ARTISTAS EXTRANJEROS EN SEVILLA. 

Fue especialmente abundante a partir del siglo XV con la construcción de la catedral. La ciudad no contaba ni con maestros, ni con mano de obra especializada en trabajar la piedra. El inmenso templo gótico empieza a forjarse bajo la dirección y bajo operarios llegados de otras ciudades de Castilla y de diversos puntos del centro de Europa. Nombres como Ysambarte, Mercadante de Bretaña, el maestro Carlín o Michel Perrín, son ejemplos de europeos que llegan a Sevilla trayendo con ellos las novedades artísticas que luego continuarán artistas locales. Lo mismo ocurrió con maestros pintores que trajeron el Renacimiento pictórico europeo como los citados Pedro de Campaña o Hernando de Esturmio. La cerámica sería revolucionada con el italiano Niculoso Pisano o el taller Della Robbia, a la par que sepulcros como el de Fancelli para el cardenal Hurtado de Mendoza o los de Aprile de Carona y Bissone para el matrimonio Enríquez de Ribera harán lo propio con la escultura, las artes funerarias y el uso del mármol italiano. La floreciente Sevilla del XVI como puerto y puerta de Indias, era el escenario perfecto para atraer artistas foráneos, algo que enriqueció culturalmente la ciudad, que a su vez sirvió de puente para llevar el arte europeo al Nuevo Continente.

OBRAS DE GUIDO RENI PARA LA CATEDRAL DE SEVILLA.

Centrándonos en Guido Reni, se desconoce cómo llegan sus obras a Sevilla, pero sí se sabe la repercusión que tuvieron en la pintura sevillana de comienzos del siglo XVII. Estas obras se conservaron en el templo hispalense hasta el siglo XIX, cuando fueron vendidas a anticuarios que las sacaron al extranjero.

La primera obra de Reni para la catedral de Sevilla de la que hay constancia fue la Asunción y Coronación de la Virgen, que actualmente se conserva en la National Gallery de Londres, donde se indica que procede de las Colecciones Reales españolas. Se ha podido constatar que en 1823 fue subastada en Christie´s, indicándose entonces que procedía de la catedral de Sevilla, dato que luego pasó a un segundo plano.

En la iglesia del Divino Salvador y en el monasterio de San Isidoro del Campo se conservan copias de esta obra de Reni.

El italiano realizó varias pinturas del mismo tema de la Asunción y Coronación de la Virgen durante la primera década del siglo XVII. La más temprana se conserva en Bolonia, luego realizó otra que se conserva en el Museo del Prado en Madrid y la tercera es la que realizó Guido Reni para la catedral de Sevilla, hoy en la National Gallery de Londres. Tanto la que se encuentra en Bolonia como la que estuvo en la catedral hispalense están pintadas en cobre y son de menor tamaño, siendo mayor la del Prado, que es una pintura sobre madera.

Igualmente procede de la catedral de Sevilla la Inmaculada de Guido Reni que actualmente se encuentra en el Metropolitan Museum de Nueva York. La pintura está fechada en 1627 y fue un encargo del embajador español ante la Santa Sede en Roma, el conde de Oñate para la infanta de España, es decir, María, hermana de Felipe IV, que se convertiría poco después en la monarca consorte de Hungría. El encargo del conde de Oñate era doble, por un lado El rapto de Elena (hoy en el Museo del Louvre) y por otro la Inmaculada. Esta debió llegar a Sevilla poco tiempo después, donde debió ser muy bien acogida debido al interés local por la devoción a la Inmaculada. En la documentación de la época hay algo de confusión entre Toledo y Sevilla como destinatarias de la obra, la cual saldría de España tras la invasión francesa. En la catedral de Sevilla se conserva una fidedigna copia de la pintura. Fuera la original o la copia, en Sevilla debieron verla pintores como Zurbarán como Murillo, el artista español que mejor conectó con la sensibilidad religiosa y pictórica de Reni. El secreto de la fórmula de Guido Reni que con tanto éxito adoptó más tarde el sevillano parece residir en lo sencillo de la composición, reducida a lo más esencial, despojando el tema de la profusión de elementos alegóricos marianos tan habituales en la iconografía previa tanto italiana como española. Clave del éxito fueron también los colores suaves y fríos en primer plano sobre el fondo dorado del nimbo de querubines.

Aunque el tema de la Inmaculada era heredero de una larga tradición, la obra de Reni tuvo un enorme éxito, sirviendo como referencia "canónica" en obras posteriores. Nos indica el profesor Enrique Valdivieso que seguramente la disposición corporal de la Virgen en forma de huso (óvalo), influiría en pintores como Alonso Cano. Las representaciones de las Inmaculadas en Sevilla eran más sólidas y de base más ancha, más tendentes al cilindro que al óvalo, por lo que podríamos encontrar en la pintura de Reni uno de los motivos en ese cambio de gusto.

La tercera obra de Reni que parece que pasó por Sevilla (de esta no hay una total seguridad) fue en San José con el Niño que hoy se encuentra en el Museo Hermitage de San Petersburgo. En la colección pictórica de la catedral se conserva una copia de la pintura, cuyo original se cree que probablemente se vendiera a comienzos del siglo XIX. En varios conventos sevillanos existen pinturas donde se percibe la influencia de Reni, algo que ha llevado al profesor Valdivieso a pensar que el San José de Guido Reni también estuvo en la catedral de Sevilla.

Guido Reni fue considerado como el mejor pintor italiano de su época, algo que también ocurrió unos años antes con Caravaggio. Su pintura tenebrista se convirtió rápidamente en ejemplo a seguir y sus influencias se extendieron rápidamente por toda Europa. La llegada a Sevilla de obras de seguidores del pintor, contagiarían la pintura local del gusto tenebrista, algo que triunfó en Sevilla durante la primera mitad del siglo XVII. En este contexto llegarán a la ciudad obras importantes como la Magdalena Penitente de Artemisia Gentileschi, conservada aún en la catedral hispalense. Por su calidad y por ser una de las pocas pinturas realizadas por una mujer que conservan en el templo mayor, merece una entrada aparte en este blog próximamente.

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José Manuel Villalba Rodríguez

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