La Vega de Triana y los antiguos tejares.

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Aunque actualmente casi nada nos recuerde su existencia, el pasado de Triana y de su vega estuvo protagonizado en gran parte por la industria de tejas y ladrillos, actividades fundamentales en el pasado del arrabal junto con la alfarería, la cerámica y las actividades relacionadas con el río. Hoy apenas algunos nombres de calles nos indican que Triana tuvo un pasado (pasado reciente, por cierto), relacionado con una industria que parece que se ha querido olvidar y borrar, pasando de barrio industrial y obrero a residencial de lujo.

La Vega de Triana: agricultura, ganadería e industria

Por Vega de Triana se ha entendido históricamente a los terrenos comprendidos entre el barrio y el inicio de la elevación del Aljarafe. Si Triana estaba delimitada en el pasado por la cava, el foso que la rodeaba, la vega empezaba nada más atravesar este límite. En este amplio terreno fueron surgiendo los caminos que comunicaban Sevilla y el Aljarafe a través de Triana. Estos delimitaban las amplias parcelas de terreno donde irían apareciendo progresivamente huertos, establos y hornos para la fabricación de utensilios de barro, tejas y ladrillos.

Antes de la existencia del arrabal trianero, los hornos se concentraban en otros puntos de la ciudad. La Sevilla prealmohade conoció esta industria ubicada principalmente en la periferia sur de la ciudad, en la zona cercana a Puerta de Jerez. La ampliación del Alcázar hizo que estos hornos y su continuo humo no fueran del agrado de la clase poderosa y poco después tuvieron que abandonar la zona.

La creación del Puente de Barcas y el castillo defensivo que lo custodiaba, hicieron que la otra orilla del río fuera ya un lugar accesible y seguro donde asentarse, algo que propició el nacimiento del primer núcleo de población importante al otro lado del Guadalquivir. Comenzaba la historia de un barrio que estaría marcada hasta tiempos recientes por esta industria.

La conquista cristiana traería la consolidación del arrabal. La repartición de las diferentes alquerías del otro lado del río: Tablada, Triana o Gambogaz; la entrega de la almona musulmana a la viuda de Fernando III, Juana de Ponthieu; la fundación de la Puebla de Triana con Santa Ana como centro por Alfonso X el Sabio, o la progresiva consolidación del puerto hispalense. Triana comenzará a tomar forma y a centrar su economía en el río, la industria alfarera, la del jabón, las huertas, el ganado y el comercio entre Sevilla y el Aljarafe.

El terreno delimitado por la cava concentrará al núcleo de población entre esta y el río, dejando el terreno libre al otro lado de la cava donde florecerán conventos, huertas y grandes tejares. En la siguiente imagen podemos observar un detalle del plano de Sevilla en 1884 y comprobar la cantidad de terrenos dedicados a la producción de tejas y ladrillos en la vega trianera.

La vega trianera permaneció con pocas alteraciones hasta el siglo XX, ningún obstáculo separaba Triana del Aljarafe hasta las obras llevadas a cabo en el cauce del río. Entre 1929 y 1950 se produce la gran transformación de Triana con la corta y el muro de defensa, tratándose de operaciones que dieron paso a la Triana actual. La forma alcanzada en los años 50 es el resultado de una combinación entre la forma histórica del territorio y la forma introducida por el muro de defensa. El tapón de Chapina convirtió en dársena parte del cauce histórico y haría que la corriente del Guadalquivir se desviara por el nuevo tramo abierto, llevándolo hasta San Juan de Aznalfarache, donde enlazaría de nuevo con el cauce histórico. Mientras, el tramo comprendido desde el meandro de los Gordales y San Juan de Aznalfarache quedaría en desuso y luego se eliminará.

En paralelo a la corta iría el muro de defensa, que se levantará para proteger Triana de las inundaciones. Todas estas operaciones de infraestructuras no hicieron sino anunciar el carácter periférico y limítrofe que adquirirían las construcciones que adosadas al muro de defensa conformarían el límite construido de Triana y de Sevilla. Se marcaba así el límite territorial de la ciudad por su cara oeste. Al otro lado del muro, entre este y el "nuevo río" quedarían viviendas, cuadras, huertas y tejares. Aislados, periféricos, pero muchos continuaron funcionando a pesar de haber sido excluidos del nuevo límite de la ciudad y así se mantuvieron hasta que las reformas urbanísticas previas a la Exposición de 1992 los eliminaría definitivamente. La Vega de Triana terminaría por tanto partida en dos por estos trabajos llevados a cabo en el cauce del río, manteniendo la margen izquierda del Guadalquivir su relación con el arrabal y la derecha, ya separada del barrio, acabará incorporada al Aljarafe.

El espacio comprendido entre el nuevo brazo del río y el muro de defensa de Triana, lo ocupa actualmente el Parque de la Vega de Triana, con zonas arboladas, instalaciones deportivas y zonas libres que tienen diferentes usos como por ejemplo la instalación de la carpa del Cirque du Soleil y compañías similares cuando visitan la ciudad. Durante la segunda mitad del siglo XX, esta zona fue perdiendo progresivamente sus usos y habitantes. En esta zona de la vega se ubicaban cuadras, antiguos tejares, el conocido como Charco de la Pava (hilera de casas a lo largo del antiguo camino de las Erillas, donde se encontraba la famosa Venta de la Pava) o la antigua barriada de la Haza del Huesero. Las obras de la Exposición Universal y la intervención en el cauce del río terminaron con los usos tradicionales de esta zona de la vega, quedando vacía hasta que posteriormente se creó el parque y se abrió una entrada desde la Ronda de los Tejares (bajo la carretera del muro de defensa) para conectar barrio y parque.

¿Qué queda hoy de la antigua Vega de Triana?

Al quedar dividida en dos, la antigua Vega de Triana mantiene aún algunos habitantes, fincas y restos de antiguos hornos en la margen derecha del Guadalquivir. La margen izquierda es la convertida en parque aunque aún conserva algunas fincas integradas en el mismo. En las siguientes imágenes pueden ver algunos ejemplos de lo que aún se conserva actualmente de esta antigua zona del arrabal trianero.

 

Aparte de lo que hoy nos queda en la Vega de Triana, no queríamos finalizar el artículo sin mencionar, al menos otros dos antiguos hornos conservados. En este caso se encuentran ubicados dentro del casco histórico de Triana. El primer ejemplo lo tenemos en el actual Centro Cerámica Triana, que ocupa lo que fue la antigua fábrica de cerámica de Santa Ana. Recuerden que su visita es gratuita para sevillanos y para los que vienen de fuera, si visitan el Real Alcázar, pueden entrar también de forma gratuita con la misma entrada.

El otro antiguo horno conservado y con más de tres siglos de historia, lo pueden encontrar en la calle Covadonga, dentro de la que fuera antaño Casa de los Artistas. Allí encontramos un reciente establecimiento dedicado a eventos y catas, llamado La Tintorería Clandestina, conservando en su interior este interesante horno visitable.

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