María de Padilla: La amante de don Pedro I venerada en Brasil.

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Que María de Padilla es conocida en Sevilla y en España por haber sido la amante del rey Pedro I, y reconocida como esposa legítima de este de forma póstuma, no es un secreto. Pero quizás sí lo sea para el gran público el hecho de que María de Padilla sea protagonista de una ópera italiana, y más aún que en lugares recónditos de Brasil sea considerada casi una divinidad.

Desde que Pedro y María se conocieron, se convirtieron en inseparables. Ella vivía en el Alcázar sevillano junto a los hijos de ambos y, aunque Pedro se había casado dos veces por conveniencia y tuvo hijos con varias mujeres más, María era su verdadero amor. Tras su muerte, Pedro confesó su boda en secreto con ella, consiguiendo que fuera reconocida como reina póstuma y su descendencia como legítima.

La imaginación romántica sevillana le dedicó con su nombre la antigua alberca musulmana del Palacio Gótico que construyera Alfonso X. Aquella alberca subterránea, uno de los rincones más evocadores del Real Alcázar, sería donde el imaginario colectivo veía a María de Padilla, tomando baños en las calurosas tardes del verano sevillano, y por eso los llamó Baños de María de Padilla.

Posiblemente, esa visión romántica de esta relación amorosa, será la inspiradora para el devenir que la historia y los siglos tendrían preparados tanto a Pedro como a María.

María Padilla, ópera de Gaetano Donizetti.

Donizetti compuso dos óperas ambientadas en el Alcázar de Sevilla y en dos mujeres. Dos españolas, dos castellanas, coetáneas ambas, mujeres que vivieron en el convulso siglo XIV español y amantes de dos poderosos reyes, padre e hijo, inspirarán dos de las óperas de Donizetti (Bérgamo 1797-1848). Hablamos de Leonor de Guzmán y Maria de Padilla. La primera, más conocida por su sobrenombre operístico de “La Favorita”, será durante décadas la amante y esposa de Alfonso XI, al que dará diez hijos, uno de ellos, Enrique. Éste será el fundador de la dinastía Trastámara, que reinará en Castilla y luego en Aragón, siendo los Reyes Católicos (conocidos por ser los artífices de la unión de todos los reinos peninsulares excepto Portugal), descendientes ambos de Leonor. La segunda, nuestra protagonista, también amante de rey, de Pedro I, hijo legítimo de Alfonso XI y enemigo de los hijos de Leonor, los Trastámara, sus hermanastros.

Los argumentos son bastante libres y el rigor histórico era lo de menos, pero María de Padilla se convertía en protagonista de una de las más de 150 óperas ambientadas en Sevilla. En el año 2010 un estudio de Ramón María Serrera Contreras y Andrés Moreno Mengíbar, contabilizó 128. La investigación sería publicada con el título "Sevilla, Ciudad de las 100 óperas". Sin embargo, en 2012, los mismos expertos realizaron una nueva investigación, ampliando la cifra a 153 y publicando el libro "Sevilla, Ciudad de 150 Óperas".

Llama muchísimo la atención que un personaje histórico como fue María de Padilla, se convierta en un personaje tan popular entre el gran público. Posiblemente el ser humano empatice más facilmente con personajes sufridores, o que han sido maltratados por la sociedad, y posiblemente aquí tengamos uno de los mejores ejemplos. Tanto Pedro I, llamado "cruel" por unos y "justiciero" por otros, como María de Padilla, al haber protagonizado una historia de amor mal vista en su época, empatizaron con las clases más populares, que se encargaron de alimentar la leyenda, y hacerlos protagonistas durante los siglos posteriores de novelas, obras teatrales y líricas. Él, perseguido y amenazado por sus propios hermanos que querían arrebatarle el trono. Ella, por haber sido siempre vista como un personaje secundario, como la amante, siendo ambos rechazados por la nobleza. La lucha de Pedro contra gran parte de los nobles de su época, hizo que el pueblo lo viera como enemigo de los grandes y defensor de los pequeños, identificándolo como personaje más justo que cruel. Con ella pasó un poco lo mismo. Al verla siempre como una mujer rechazada por las clases altas al ser amante del rey, el pueblo la identificó con el amor verdadero. Símbolo de belleza, feminidad y fidelidad, se convierte casi en un ser mitológico que irá creciendo en fama con el paso de los siglos.

Pedro sería personaje recurrente en muchas obras literarias, del momento y posteriores, llegando a aparecer como protagonista en obras de Prosper Mérimée o Alejandro Dumas, quinientos años después de su muerte. María acabaría convirtiéndose en musa para otros autores, desde protagonista de óperas como hemos visto, a ser una semidiosa a la que invocar en conjuros de amor, ser símbolo de belleza e incluso de lujuria, llegando su fama y adoración a lugares tan lejanos como Brasil.

Maria Padilla en Brasil.

Dentro del estudio de las religiones brasileñas de origen africano encontramos a Maria Padilha dentro de la Umbanda y la Quimbanda. Son términos desconocidos en España, sin embargo estas religiones brasileñas acogen a una serie de personajes y deidades, algunos importados del viejo continente, llegando a Brasil en diferentes épocas. Intento en el próximo párrafo definir una serie de términos como: Umbanda, Quimbanda, Exu y Pomba Gira. Con ellos podemos llegar entender el personaje de María de Padilla en medio de este entramado.

La Umbanda es una religión que parece tener origen en 1908 en Río de Janeiro, mezcla de diferentes vertientes religiosas y espirituales como la santería católica, el espiritismo, el misticismo, el esoterismo y religiones tribales procedentes de Congo y Angola (recordemos que Angola fue colonia portuguesa, al igual que lo fue Brasil y también a mediados del siglo XIX el Congo). Esta nueva religión nacerá motivada por la oposición a otras existentes en Brasil en ese momento y se basa en el culto a sus ancestros étnicos africanos y europeos. Definida la Umbanda pasemos a la Quimbanda o Kimbanda, que sería otra religión afrobrasileña; para unos, formaría parte de la Umbanda, disgregándose de esta con el paso del tiempo; para otros sería algo totalmente diferente, teniendo un origen más antiguo y rechaza las influencias católicas. A la quimbanda se la identifica con el arte de curar, con origen en los curanderos angoleños. Las prácticas de la quimbanda estarían asociadas directamente con la magia y sus rituales con los espíritus Exus y Pombagiras.

Algunos investigadores han comprobado como ambas religiones acaban compartiendo templos e incluso ritos, interpretando la quimbanda como una corriente dentro de la umbanda, pasando a denominarlas como umbanda-quimbanda. La búsqueda de aceptación por parte de la umbanda, ha llevado a sus adeptos a distanciarse de las representaciones más ligadas con la herencia africana y, entre otras cosas, del culto a las diosas, cuyos mitos nos muestran la presencia continua de una exuberante sexualidad. Todo aquello que se situaba fuera de la moral vigente, se dejó en manos de los dioses del desorden, simbolizados por las figuras de los Exus, entidades que presentan una fuerte semejanza con las figuras diabólicas. Son figuras transgresoras que se corresponden con todo lo contrario a los valores estimados por la sociedad. Todo lo relacionado con la sexualidad femenina, dio origen a una nueva categoría de entidades designadas genericamente como Pomba Gira, ya que, como ocurre con los Exus, su número es elevado, y según los adeptos, existían miles de Pomba Gira. Una de ellas fue destacando entre las demás, asumiendo con los años un carácter cada vez más individualizado, y hoy merecedor de un culto específico. Es María Padilla (Maria Padilha en portugués), "reina de la magia".

Pomba Gira o Pombagira es un Exu del sexo femenino, cuya iconografía se representa con la figura de una diablesa de cuerpo exuberante. Ella sintetiza los aspectos más chocantes que la sexualidad femenina provoca frente a la moral y a las buenas costumbres. Las Pombagira lo forman por tanto mujeres de vida lujuriosa, de sexualidad desenfrenada, cuyo líbido sobrevive a la propia muerte.

Para ganar el apoyo de algún Exu o de alguna Pomba Gira, basta realizar una ofrenda. Con María Padilla la cosa va más allá, pues ella se reserva el derecho de querer o no. Sustituye el "me ofreces y te concedo" por una relación más personal con quien pide, ejerciendo un poder absoluto sobre la persona. Si a ella no le agrada, de nada sirven las ofrendas, es ella quien elige. Se le suelen ofrecer rosas rojas sin espinas y bien abiertas (los capullos de rosa cerrados siempre se han visto como símbolo de pureza y virginidad) y además, como al resto de Pomba Gira, tabaco y alcohol (basta poner en Google "Maria Padilha" para ver multitud de fotografías sobre su estética, oraciones, ritos e incluso merchandising).

La fama de María Padilla sobre el resto de Pombagira ha crecido de tal forma que se está transformando en una denominación colectiva, dando lugar a "varias Marías Padilla": la de la higuera, la de la carretera, la del puerto, la de la playa, y un largo etcétera. Se la representa siempre como una mujer hermosa, exuberante, provocativa, vestida de rojo , con rasgos gitanos, posiblemente por herencia de la Carmen de Mérimée, vista como reina gitana, inspirada a su vez en la María de Padilla de Pedro I.

El personaje histórico no tenía nada de gitana, pertenecía a la nobleza, en un siglo XIV en el que el pueblo gitano aún no estaba presente en tierras españolas, y donde los acusados como hechiceros, normalmente eran judíos o musulmanes. Pero Mérimée imaginó a Padilla como gitana y en ella inspiró a su Carmen, pues la visión de la España del siglo XIX se resumía en esa visión exótica de un país pobre, de toros, gitanos y estética oriental, herencia de su pasado musulmán (visión compartida por los viajeros decimonónicos que pasaban por España).

La visión de mujer fatal y cruel que arrastra a Pedro, siempre hipnotizado por María Padilla, dejó su huella en los relatos, leyendas y letras del romancero popular. Padilla iba adquiriendo la imagen de hechicera y de mujer capaz de conseguir sus propósitos gracias a sus encantos. El "Romancero", sus pegadizas coplas y letras, se difunden y especialmente en el ámbito rural y localidades pequeñas. Tras ello, durante sesenta años (1580-1640), Portugal y España estaban unidas por lo que esos romances populares son asumidos por el país vecino. Con él atraviesan los mares, llegando a Brasil, donde las maravillosas historias de la Europa medieval serán bien acogidas y parte de la cultura popular ibérica comienza a arraigar entre las clases más populares brasileñas. María Padilla pasaba así de ser amante-esposa de rey, a ser "patrona" de hechiceras, un espíritu poderoso, maligno e infernal, levantando pasión y devoción.

Profundizar más sería excesivo, lo que nos interesa en este artículo es lo llamativo de la situación, el cómo un personaje histórico de un país acaba convertido en un ser mitológico, casi divino, en otro país a 8000 kilómetros de distancia y con aparentemente pocos nexos comunes en su historia. María de Padilla, reina castellana que el paso del tiempo ha convertido en la "diosa" del amor más venerada de Brasil.

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José Manuel Villalba Rodríguez

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