El pintor Juan Miguel Sánchez y Sevilla.

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La estancia de la imagen de Jesús del Gran Poder en la iglesia de Santa Teresa, ha hecho que Sevilla se reencuentre con las obras del pintor Juan Miguel Sánchez y que muchos sevillanos descubran la figura de este gran artista. La imagen de Cristo más venerada en Sevilla, ha visitado durante tres semanas, tres de las feligresías más desfavorecidas de la ciudad, estando una semana en cada una de sus parroquias: la de la Blanca Paloma en el barrio de Los Pajaritos, la de Nuestra Señora de la Candelaria en el barrio conocido como Las Candelarias y en la de Santa Teresa en el de Amate.

Esta conmemoración extraordinaria estaba organizada para el pasado 2020, pero por causa de la pandemia se decidió su aplazamiento, llevándose a cabo finalmente durante estas tres últimas semanas. La celebración ha recibido el nombre de Santa Misión y se ha organizado para conmemorar los cuatrocientos años de la ejecución, por parte del artista Juan de Mesa de la imagen del Gran Poder. No es la primera vez que la imagen visita estos barrios, de hecho ya estuvo en la iglesia de Santa Teresa en 1965 con motivo de las Misiones Generales organizadas por el cardenal Bueno Monreal. En aquella ocasión muchas imágenes sevillanas salieron a visitar los templos más alejados del centro y entre ellas la del Gran Poder.

La estancia en Santa Teresa ha servido para que generaciones de sevillanos se hayan encontrado con la obra del pintor Juan Miguel Sánchez, creador del paso de palio de la hermandad de Los Negritos, una de las joyas que la segunda mitad del siglo XX dejó en la Semana Santa sevillana. Los que ya lo conocíamos nos hemos reencontrado con su pintura en estos días y tenía que tener un hueco en este blog.

EL PINTOR JUAN MIGUEL SÁNCHEZ


El pintor Juan Miguel Sánchez Fernandez (1899-1973) nació en El Puerto de Santa María y se formó en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cecilia en su localidad natal. Con dieciocho años llegó a Sevilla, formándose en la Escuela de Artes y Oficios y en la Academia de Bellas Artes con García Ramos, Virgilio Mattoni y Gonzalo Bilbao. Se decantó por una visión más moderna de la pintura y del diseño de carteles, muy influenciado por la pintura de Gustavo Bacarisas.

En la década de 1920 estaba de pleno apogeo el cartel, y a él se dedicó con mucho entusiasmo, creando algunos de los mejores ejemplos de la cartelería sevillana, superando el costumbrismo que imperaba en el panorama local. Aportará junto a Guatavo Bacarisas una visión modernizada y rupturista que supondrá una renovación del género.

Donde el pintor Juan Miguel Sánchez fue más tradicional fue en la pintura de caballete, ahí su arte no se diferenció tanto del resto de pintores de la época. Fue en los carteles, la pintura mural y la decoración de interiores donde su arte destacó más. Comenzó trabajando en Triana en la fabricación de cerámica pero su valía como pintor, hizo que fuera la pintura su principal dedicación desde muy joven.

Su producción pictórica tendrá gran éxito en su exposición individual en San Sebastián en 1939, participó en distintas muestras colectivas y en las exposiciones nacionales de Bellas Artes, donde obtuvo una segunda medalla en 1945 y una primera medalla en 1948 con su lienzo La lección de los seises del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Sus pinturas murales nos muestran la versión más impactante de su pintura, demostrando su dominio en el gran formato. Aparte de sus frescos en la parroquia de Santa Teresa de Sevilla, en los cuales nos centraremos a continuación y donde veremos la mejor versión del artista, también realizó otras pinturas murales en la estación de autobuses del Prado de San Sebastián (también en Sevilla), en el coro de San Luis de los Fraceses, o en el ábside de la iglesia del Rosario en el barrio de Electromecánicas de Córdoba entre otros.

El pintor Juan Miguel Sánchez supo fusionar las influencias Art-decó, modernistas y fauvistas con un toque orientalizante como podemos ver en el paso de la Virgen de los Ángeles o en los frescos de la parroquia de Santa Teresa.

Su modernidad ha sido reconocida y admirada con el paso de los años, pero quizás no tuvo el reconocimiento que realmente merecía. La ruptura que él simbolizó en su momento en el mundo del arte sacro y la cartelería no tuvo continuidad en el tiempo, algo que podemos comprobar en la actualidad, donde la mayor parte de la producción artística cofrade sigue girando en bucle alrededor de una misma idea reinterpretada hasta la saciedad. Parece mentira que en Sevilla, donde la pintura contemporánea local es tan rica, desde la veteranía de Luis Gordillo a las figuras más jóvenes como María José Gallardo, Ruben Guerrero, Ana Barriga, Gloria Martín, Miki Leal y un larguísimo etcétera, la pintura cofrade siga anclada en el mismo lugar salvo contadas excepciones. No menos curioso es que su cartel de Semana Santa representando a la Macarena y titulado Luz y Gracia de Sevilla, sea no solo considerado por muchos como el mejor cartel realizado para esta celebración en la ciudad del Guadalquivir, sino también como el más moderno incluso 90 años después de ser realizado. En las siguientes fotografías pueden ver seis carteles del artista. Las cuatro primeras proceden de la web de Documentación Cofrade Sevilla y las dos últimas de la revista La Muy. De estos carteles que pueden ver a continuación, decir que en el de 1944, la mujer que aparece retratada era su esposa Reyes.

Juan Miguel Sánchez fue un artista reconocido en su época, cayendo a finales del siglo XX en un injusto olvido. Hasta tal punto llegó a ser popular que los maestros Valverde, León y Quiroga lo hacen protagonista en 1933 de una de sus coplas más famosas como es "Triniá", interpretada practicamente por todos los artistas del género, desde Concha Piquer o Miguel de Molina a Rocío Jurado y Pastora Soler.

LAS PINTURAS DE LA IGLESIA DE SANTA TERESA


La iglesia de Santa Teresa, obra de Alberto Balbontín Orta cumple en este 2021 sesenta años, al igual que los frescos de Juan Miguel que la decoran. La arquitectura racionalista de la iglesia, nos muestra un edificio simple y práctico, de forma rectangular donde se inserta una cruz griega de brazos muy cortos y cuatro capillas en los ángulos que forman los brazos de la cruz. Mide 35 metros de largo por 25 de ancho y en ella se mezclan líneas rectas y curvas, siendo las pinturas que cubren gran parte de su interior lo más destacado del edificio. Estas se encuentran dentro de esa corriente europea de renovación que, desde mediados del siglo XIX, buscaban nuevas formas y lenguajes para el arte sacro de su tiempo. Estos frescos junto con los de la estación de autobuses del Prado serán las obras de mayores dimensiones que realizó el artista.

El interior de la iglesia nos muestra un contraste continuo entre claros y oscuros, formas simplificadas alejadas del naturalismo y figuras planas que nos pueden recordar la estética cubista. Las gradaciones las consigue a través del punteado que las hace similar a su producción de carteles. El empleo de la línea para delimitar las diferentes formas hace que el dibujo sea más rotundo. El color lo aplica a base de pinceladas separadas entre sí, muy en consonancia con el neoimpresionismo, al igual que consigue que esos tonos separados de las diferentes pinceladas se mezclen ópticamente, dando como resultado un efecto luminoso que nos lleva a tener la sensación de estar contemplando unos mosaicos. El artista demuestra en esta obra su gran conocimiento de la técnica de la pintura al fresco, aplicando varias capas de mortero de cal y arena en diferentes proporciones. Estas capas reciben los nombres de repellado, revoque, enlucido y estucado, siendo sobre esta última donde se aplica el color. En el fresco, los pigmentos diluídos en agua, se aplican con rápidas y directas pinceladas, evitando las correcciones. Esta técnica exige gran destreza y habilidad, algo que solo se adquiere con la práctica y con el estudio de los grandes maestros como Fray Angélico, del que Juan Miguel era gran admirador.

Juan Miguel realizaba estas pinturas a la vez que realiza los diseños para la hermandad de los Negritos, por eso los cofrades encontrarán muchas similitudes.

El mural más importante de la iglesia ocupa el muro del fondo del presbiterio. Con sus casi 8 metros de alto y 12 de ancho, nos muestra la transverberación de Santa Teresa en una composición triangular en cuyo vértice superior aparecen las manos de Dios en una alegoría de la Santísima Trinidad, bajo ellas la santa y el ángel iluminados por la luz que irradian las manos. Rodeando a las dos figuras protagonistas, en una filacteria ondulante podemos leer los versos teresianos: "VIVO SIN VIVIR EN MÍ Y TAN ALTA VIDA ESPERO, QUE MUERO PORQUE NO MUERO". A ambos lados, parejas de ángeles y en la parte baja del mural, religiosas vestidas con el hábito teresiano. El fondo aparece salpicado de estrellas y cabezas de querubines que nos recuerdan inevitablemente el paso de la Virgen de los Ángeles de la hermandad de los Negritos.

Los frescos se expanden a lo largo del resto de los muros del templo. En el crucero encontramos a los cuatro evangelistas y paisajes geometrizados donde vemos curvas que simulan colinas, campos sembrados y salpicados de palmeras y edificaciones. En la parte baja de estos frescos laterales vemos siete cruces a cada lado de la iglesia, formando el vía crucis. La alternancia de rectas y curvas de estas pinturas laterales crean un efecto de gran dinamismo.

A los pies de la iglesia, los muros que flanquean la puerta de entrada al templo están decorados con rosales de rosas blancas y árboles de los que cuelgan filacterias con las leyendas marianas: "AVE MARÍA PURÍSIMA" y "SIN PECADO CONCEBIDA", algo que nos vuelve a recordar los bordados del palio y el manto de la Virgen de los Ángeles y a su corona, así como a las pinturas que realizó para la capilla de la Real Maestranza de Sevilla.

El conjunto se completa con la decoración pictórica que se encuentran en las capillas situadas en los ángulos del edificio. Entre ellas, destaca el mural de la capilla sacramental, donde una Anunciación se funde con la venida del Espíritu Santo, apareciendo los apóstoles representados como doce ángeles. La escena ocurre sobre un campo de trigo y vides, representando el cuerpo y sangre de Cristo. Las espigas de trigo se abren hacia los lados, dejando en el centro el espacio para el tabernáculo. Toda la escena se completa con un fondo de estrellas, recurso como hemos visto muy típico de la pintura de Juan Miguel Sánchez.

No puedo terminar esta entrada dedicada al pintor Juan Miguel Sánchez sin dejar algunas fotografías del paso de la Virgen de los Ángeles de la hermandad de los Negritos, a la que he hecho referencia en varias ocasiones durante el artículo y que fue diseñado en los mismos años en los que el artista trabaja en las pinturas de la iglesia de Santa Teresa. También comentar brevemente, especialmente para los menos doctos en el tema, cómo eran los prototipos de diseños en los pasos cuando Juan Miguel realiza el de la Virgen de los Ángeles.

El conjunto diseñado por Juan Miguel Sánchez para la Virgen de los Ángeles supuso una ruptura en la corriente neobarroca que es la que se considera (incluso hoy) como la clásica y tradicional en el mundo de la Semana Santa sevillana. Si el siglo XIX se caracterizó por el romanticismo, con bordados gruesos, diseños asimétricos y la abundancia de motivos vegetales como las hojas de acanto, el siglo XX comenzó con la revolución del bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda y sus nuevos diseños para la hermandad de la Macarena. La estética conseguida por Ojeda es la que siguió predominando durante todo el siglo XX y aún continúa durante lo que llevamos de XXI. El caso de Juan Miguel y sus diseños para la hermandad de los Negritos fue toda una innovación y ha llegado a ser algo que los sevillanos han asumido como un conjunto muy interesante y diferente dentro del panorama cofrade. Sin embargo ese atrevimiento rupturista de Juan Miguel no tuvo continuidad, encontrándose el mundo cofrade anclado en revisionar y reinterpretar una y otra vez el "estilo juanmanuelino" de las primeras décadas del siglo XX (al igual que ya comentamos en el campo de la cartelería) y en imitar continuamente el prototipo del paso de la Esperanza Macarena. Ojalá Sevilla redescubra a Juan Miguel Sánchez y su arte, especialmente en el campo del arte sacro y la cartelería, sería buena señal y Sevilla lo agradecería, saliendo así de esa zona de confort de escasa creatividad donde ahora se encuentra. Os dejo unas fotografías de ejemplos de diseños de la segunda mitad del siglo XIX, del manto "camaronero" de la Macarena hecho en 1900 como ejemplo de bordados juanmanuelinos y de los enseres diseñados por Juan Miguel en los años 60 para la hermandad de los Negritos.

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José Manuel Villalba Rodríguez

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