La leyenda del hombre de piedra de Sevilla.

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¿UN HOMBRE CONVERTIDO EN PIEDRA?

Sevilla tiene una calle donde siglos atrás, un hombre fue convertido en piedra, no solo por alardear de no tener fe, sino por reírse de quien la tenía.

La leyenda del hombre de piedra es una de las más conocidas por los sevillanos, especialmente por tener un lugar donde ver in situ, el busto de piedra que da origen a la leyenda, no pasando desapercibido para quien pasa a su lado.

La calle Hombre de Piedra se encuentra en el barrio de San Lorenzo, muy cerca de la Alameda de Hércules. De hecho es una de sus perpendiculares, uniendo la calle Santa Clara con Jesús del Gran Poder, desembocando justo a las espaldas de la Casa de las Sirenas.

La leyenda nos lleva a la época del rey Juan II (padre de Isabel la Católica), al siglo XV, pero antes de contarla es necesario conocer una norma que se publica durante el reinado del mismo y que se colocó por escrito en muchos lugares públicos de la ciudad. Veamos qué dice la placa colocada en la iglesia del Salvador, bajo la famosa Cruz de las Culebras. Dice lo siguiente:

"El rey i toda persona que topare el Santísimo Sacramento se apee, aunque sea en el lodo so pena de 600 maravedises según la loable costumbre desta ciudad, o que pierda la cabalgadura, y si fuere moro catorce años arriba que hinque las rodillas o que pierda todo lo que llevare vestido".

Una vez sabido esto, volvamos a la calle Hombre de Piedra, que por esa época se llamaba calle del Buen Rostro. La leyenda nos habla de una taberna donde varios hombres se encontraban bebiendo vino, cuando a lo lejos empezó a oírse una campanilla y unas voces que rezaban. Venían de San Lorenzo, e iban a dar la última comunión a algún enfermo de la feligresía. Tras el párroco, unas señoras con velas acompañaban el cortejo.

Los hombres salieron de la taberna y vieron como la comitiva aparecía por la calle de Santa Clara (calle de leyendas, recuerden la de la mujer emparedada) y se dirigían hacia el entorno de la Alameda de Hércules (que aún no existía, siendo en esa época todavía una laguna y una zona bastante degradada).

Los hombres de la taberna, más por obligación que por devoción, se arrodillaron ante el paso del sacerdote, el cual portaba en sus manos el viático con la Hostia. Entre ellos se encontraba uno, conocido como Mateo el Rubio, uno de los delincuentes más conocidos del barrio. Este, alardeando de valentía e incredulidad increpó al resto gritando: "Atajo de gallinas, que os arrodilláis como mujeres. Ahora veréis un hombre de verdad y no me arrodillaré, sino que me quedaré de pie para siempre".

Y así fue. Un rayo cayó sobre el valiente Mateo, acompañado de un trueno ensordecedor, hundiéndolo en el suelo hasta las caderas y convirtiéndolo en piedra para siempre.

Así fue y así podemos contemplarlo aún casi seis siglos después, dando nombre a la calle desde aquel día.

Si dejamos a un lado la leyenda, seguramente se trate de un busto romano, utilizado como material de acarreo en la construcción de un nuevo edificio, o como otros apuntan, un busto romano utilizado como señal o reclamo de algún baño público de época musulmana ubicado en la zona.

NOTA ACLARATORIA: A pesar de conocer esta leyenda desde que era adolescente, he querido releer un poco qué había ya en Google sobre el tema, refrescar un poco la memoria y ver si había algún dato que yo no conociera, o no recordara. He detectado dos errores, bastante frecuentes además, que me gustaría matizar, al menos para que el que lea esto pueda saber qué dato es correcto y qué dato no lo es.

El primer error o despiste que he leído es el que hace referencia a que posiblemente el busto perteneciera a unas termas romanas que habría en la zona. Si nos basamos en la historia y en la arqueología, en época romana, el cauce del Guadalquivir ocupaba lo que hoy es la Alameda de Hércules. La ciudad se localizaba solo en la márgen izquierda del río, siendo la margen derecha terreno inundable, cubierto de agua a menudo, sin que haya constancia de que donde hoy encontramos la calle Hombre de Piedra hubiera ninguna construcción hasta época musulmana. Por tanto dudo mucho que hubiera unas termas romanas ahí.

El otro error que he encontrado es que algunos confunden la Cruz de los Polaineros y la Cruz de las Culebras. La placa con la ley de Juan II que encontramos en la esquina de la Plaza del Salvador con la calle Villegas y que antes hemos visto. Colocada ahí en el siglo XVIII, una vez concluída la iglesia del Salvador, se encuentra bajo la cruz llamada "de las culebras". La conocida como "cruz de los polaineros", se encuentra en el interior del patio de los naranjos de la iglesia del Salvador.

Pocas ciudades en el mundo tienen la cantidad de leyendas que tiene Sevilla, fruto de siglos de historia y las diferentes culturas que por ella pasaron. Estas leyendas no solo nos entretienen o nos llaman la atención, también nos hablan de las diferentes etapas históricas por las que ha pasado la ciudad, de sus costumbres, de su gente y de sus calles, aportando esa dosis de misterio que a Sevilla le sienta tan bien.

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José Manuel Villalba Rodríguez

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