Plaza de la Encarnación de Sevilla: origen y evolución histórica.

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La Plaza de la Encarnación de Sevilla encierra una historia de más de 2.000 años. Desde el subsuelo hasta las alturas, es un ejemplo de la dilatada vida de esta ciudad. La evolución de este espacio de Sevilla lo convierten en uno de los más interesantes para conocer más sobre esta ciudad milenaria. Por eso la historia de este espacio de Sevilla merece ser conocida poco a poco. Hablaremos de su pasado como convento, mercado, aparcamiento público y las actuales Setas. Si solo te interesa esto último, al final de este artículo tienes un enlace a otro dedicado exclusivamente a las conocidas como Setas de la Encarnación o Setas de Sevilla. Si te apetece conocer su origen quédate y conocerás la evolución de este rincón de Sevilla: la Plaza de la Encarnación.

Este espacio que ocupa la plaza de la Encarnación, se encuentra en lo que había sido el extremo norte de la ciudad romana y visigoda. Al expandirse la ciudad durante la etapa musulmana, especialmente a partir del siglo XI cuando el Guadalquivir se establece en su ubicación actual, este lugar ocupó aproximadamente el centro geográfico de lo que fue la ciudad medieval amurallada.

ORIGEN DE LA PLAZA DE LA ENCARNACIÓN: EL CONVENTO

Aunque bajo la Plaza de la Encarnación encontramos restos romanos, visigodos y musulmanes (hablamos de ello en el artículo dedicado a las Setas de Sevilla), vamos a centrarnos en la historia del espacio desde el siglo XVI a la actualidad, que es cuando recibe el nombre que aún hoy mantiene, debido al convento que ocupaba el lugar donde hoy vemos las Setas.

Juan de la Barrera había hecho fortuna en América pero, al no tener descendencia, quiso dedicar su herencia a obras piadosas. Su fundación se data en 1591, cuando dona unas casas en el barrio de San Bartolomé, con la posibilidad de ser vendidas para buscar otra ubicación si fuera necesario. Y así fue, la ubicación definitiva sería la que hoy conocemos y en él se instalarían hermanas agustinas.

En el testamento de Juan de la Barrera estaba estipulado que su enterramiento tendría que llevarse a cabo en él y que el altar mayor tendría que estar dedicado a la Anunciación. Asimismo, los santos Juanes dispondrían de dos altares en el templo y el convento nunca debería superar las 40 religiosas.

En 1810 se produjo la invasión de Sevilla por parte de los franceses. El 28 de abril se publicó en la «Gazeta de Sevilla» el decreto, firmado por José Bonaparte en el Alcázar, para la "formación de una plaza pública en el terreno que ocupa la manzana comprendida entre las plazas de Regina y la Encarnación". El mismo decreto ordena que las monjas fuesen trasladadas a otro convento. Se propuso que las monjas fuesen trasladadas al Convento de Nuestra Señora de la Paz, también de agustinas, pero las monjas no querían ser fusionadas con otro convento, así que se trasladaron al Convento de los Terceros, que había sido exclaustrado y el de la Encarnación sería derribado.

El mariscal Soult tenía en mente hacer de Sevilla una gran capital de España y en el solar del convento de la Encarnación, ubicaría la plaza mayor que la ciudad nunca tuvo, algo que no llegó a materializarse.

El 11 de diciembre de 1813, Fernando VII ordenó que se devolviesen sus posesiones a todos los religiosos pero estas monjas agustinas no tenían ya un lugar al que regresar.

El cabildo catedralicio les cedió la iglesia y el coro del Hospital de Santa Marta. Las monjas recibieron en donación dos casas colindantes al hospital. Se trasladaron a su nueva sede el 21 de diciembre de de 1819 y, al día siguiente, volvieron los terceros a su respectivo convento.

El convento de la Encarnación sigue ubicado actualmente en este mismo lugar, donde se estuvo anteriormente el antiguo Hospital de Santa Marta, en la Plaza Virgen de los Reyes, frente a la catedral. De las obras de arte pertenecientes al convento de la Encarnación original, aún se conservan en su nueva ubicación las imágenes de San Juan Bautista, San Juan Evangelista y de la Anunciación, todas de Francisco Dionisio de Ribas. Las podemos ver en el altar mayor de la iglesia, en un retablo neobarroco.

No serán estas imágenes las únicas supervivientes del desaparecido convento. En un retablo lateral situado en el lado del Evangelio de la iglesia, frente a la puerta del templo, bajo el cual estaba enterrado el sacerdote jesuita venerable Fernando de Mata, había un cuadro de Juan de Roelas con la Inmaculada y el venerable arrodillado junto a ella. En la actualidad, este cuadro se encuentra en los Museos Estatales de Berlín.

EL MERCADO DE LA ENCARNACIÓN

El Mercado de la Encarnación fue uno de los mercados de abastos más antiguos de la ciudad de Sevilla (junto con el de Triana y el que es considerado como el más longevo de todos, el de la calle Feria). Fue construido sobre el antiguo convento agustino de la Encarnación, dando su nombre a la plaza en la que hoy nos encontramos.

Diseñado por Melchor Cano, arquitecto mayor de Sevilla en 1832, el mercado contaba con más de 400 puestos de productos frescos. Debido a su tamaño y ubicación, el mercado abastecía a toda la ciudad, ocupando como se puede ver en la fotografía anterior todo el espacio que hoy conocemos como Plaza de la Encarnación.

El gran mercado, por su tamaño y ubicación, se convirtió rápidamente en el centro de la vida diaria de la ciudad, convirtiendo la Plaza de la Encarnación en el punto de mayor movimiento de Sevilla. Fíjense en la siguiente fotografía, las casas de la antigua calle Imagen se derriban para su ensanche y conectarla con la calle Laraña, formando ambas una misma calle recta. El mercado verá reducida su superficie para dejar espacio al ensanche.

Sevilla crecía, se transformaba y debido a la afluencia de tráfico desde la Campana hasta Puerta Osario, se hizo un ensanche de la calle Imagen a mediados del siglo XX, perdiendo el mercado casi un tercio de su espacio. De los 10.000 metros cuadrados que ocupó originalmente, al quedar partido por la nueva avenida, su espacio se redujo a los 7.000 aproximadamente, surgiendo así por primera vez la Plaza de la Encarnación. La nueva calle partía en dos el espacio que antes ocupaba en su totalidad el mercado, quedando este a un lado y al otro la nueva plaza como pueden ver en la siguiente fotografía.

En 1973, debido a problemas estructurales de los puestos de verduras y pescado del Mercado, la riada del Tamarguillo y la aparición de los primeros supermercados, el Mercado fue demolido con la promesa de un nuevo edificio que mejorara las condiciones del mismo.

De manera aledaña, en el ángulo noreste de la plaza se dispusieron unas instalaciones, pensadas para que los comerciantes pudieran ejercer su actividad de forma provisional por un plazo máximo de 3 años, que fueron finalmente 37. Durante todo ese tiempo, esta parte de Sevilla se convirtió en un solar vallado que provocó la degradación de toda esta zona de la ciudad que había sido el epicentro comercial y social durante siglo y medio.

De los más de 400 comerciantes que había en el mercado original, hoy encontramos menos de 40, apenas un 10% de lo que fue el principal mercado de la ciudad.

El primer uso que tuvo el espacio fue el de un aparcamiento en superficie. El proyecto derivó posteriormente en la construcción de un nuevo estacionamiento, esta vez subterráneo, sobre el que se ubicaría el nuevo mercado. La falta de recursos fue dilatando la actuación sobre el mismo y durante la década de los 90, se llevaron acabo varias etapas de excavación arqueológica para la identificación de los restos del antiguo convento. Se llegó hasta los 3/3'5 metros de profundidad, identificándose restos de la etapa almohade.

La idea del proyecto de aparcamiento subterráneo y mercado continuó hasta inicios del nuevo siglo. Nuevas excavaciones, esta vez tomadas más en serio y a cargo de Fernando Amores y la presión por parte de diferentes estamentos para la puesta en valor de nuestro patrimonio, encaminaron el proyecto hacia una conservación de los restos, dejando a un lado la idea del estacionamiento.

Las diferentes fases en la excavación fueron identificando y poniendo en valor las diferentes etapas históricas escondidas bajo la Plaza de la Encarnación. El final de la primera década llegaba con la musealización  de los restos, comprendidos entre el siglo I y el VI d.C.

En 2004, el Ayuntamiento de Sevilla convocó un concurso internacional de ideas para la reurbanización de la plaza de la Encarnación, donde los restos arqueológicos quedaran integrados. Esta etapa daría lugar al proyecto de las Setas que conocemos actualmente y de las que hablamos en el siguiente artículo.

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