Las bombas de Espartero en Sevilla.

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En 1843, Sevilla vive uno de los episodios más negros de su historia más reciente. El 18 de julio, el general Van Halen abre fuego contra la ciudad que se había levantado, como otras ciudades de España, ante la actitud dictatorial de Espartero. Ante la heroica resistencia de la ciudad, cinco días después llegaría el mismísimo Espartero para bombardearla. De aquello aún conserva Sevilla tres heridas de guerra, tres cicatrices, tres proyectiles repartidos por la ciudad y de los que hablaremos a continuación.

SEVILLA EN TIEMPOS DE ESPARTERO


En 1830 nace Isabel de Borbón. El rey Fernando VII finalmente tenía descendencia con su cuarta esposa, María Cristina. Unos meses antes del parto, en previsión de que no naciera varón, el rey aprueba la Pragmática Sanción, aboliendo la Ley Sálica de 1713 que excluía del trono a las mujeres. Hasta ese momento, el sucesor era el hermano del rey, Carlos María Isidro. Al nacer Isabel, Carlos no acepta los derechos al trono de su sobrina Isabel y eso desembocará una vez muerto el rey tres años después en una guerra civil, la primera guerra carlista entre partidarios del infante Carlos y de un régimen absolutista (su lema será el famoso "Dios, Patria y Rey") y los isabelinos, defensores de Isabel II y de la regente María Cristina de Borbón, cuyo gobierno fue originalmente absolutista moderado y acabó convirtiéndose en liberal para obtener el apoyo popular.

A la muerte de Fernando VII en 1833, la minoría de edad de Isabel hace que su madre María Cristina de Borbón asumiera la Regencia. A pesar de no identificarse con los ideales liberales, eran estos los únicos que podrían mantenerla en el trono, así que manda al moderado Martínez de la Rosa (que había participado activamente en la elaboración de la Constitución de Cádiz en 1812), a formar gobierno para hacer frente a la insurrección carlista y pilotar así la transición del Absolutismo al Liberalismo. Lo primero que hace Martínez de la Rosa es elaborar el llamado Estatuto Real de 1834, por el que se convocan unas nuevas Cortes. Este estatuto no era otra cosa que un "sucedaneo" de Constitución, destinado a conseguir que la Corona compartiera una mínima parte de su poder con los representantes de la nación. Las nuevas Cortes quedan formadas por dos cámaras: la Cámara de Procuradores y el Estamento de Próceres, origen del Senado actual. El Estatuto Real, que no es bien acogido por los liberales radicales que quieren una verdadera Constitución, durará poco. No es el caso de otra de las medidas tomadas por los liberales moderados; se inicia entonces el proceso por el que se centraliza y moderniza la administración del Estado, dividiendo el país en 49 provincias, que con muy pocas variaciones es casi como lo encontramos en la actualidad.

Obligados por la amenaza carlista, las dos fracciones liberales, moderados y exaltados, no tienen más remedio que acercar posturas. Algunos de los liberales exaltados (que en esta época comienzan a llamarse progresistas), son llamados para entrar en el gobierno moderado como es el caso de Juan Álvarez de Mendizábal. Con el propósito de conseguir recursos para financiar los refuerzos que el ejército necesita para poder ganar la guerra civil, decide desamortizar los bienes eclesiásticos. De alguna forma, es la respuesta del Estado liberal al apoyo que amplios sectores del clero prestan a la causa carlista. La desamortización sirvió para llenar las arcas del Estado mediante la subasta de las tierras incautadas a la Iglesia, tierras que caen en manos de nobles y burgueses, favoreciendo el latifundismo por estas tierras del sur, empeorando las condiciones de campesinos y pequeños propietarios, a la par que una incalculable pérdida de patrimonio histórico artístico. Este gobierno liberal no contentó a todos y los liberales más progresistas quisieron tomar las riendas del gobierno promoviendo un alzamiento militar. El golpe se produce en el verano de 1836 en el palacio de La Granja cuando un grupo de sargentos obliga a la reina regente a restablecer la Constitución de 1812. Una vez en el gobierno, los liberales progresistas convocan Cortes Constituyentes que aprueban una nueva Constitución, la de 1837, más moderada que la de Cádiz y muy similar a la del entorno europeo del momento. Establece la Soberanía Nacional, la separación de poderes, reconociendo los derechos individuales y la aconfesionalidad del Estado. Sin embargo, el nuevo texto fortalecerá el papel de la Corona con el fin de dar estabilidad al Nuevo Régimen. En el Gobierno se alternan progresistas y moderados y es bajo el control de los moderados cuando se aprueba una nueva ley de Ayuntamientos, por la que estos dejarían de ser elegidos por los vecinos y pasan a ser nombrados por el Gobierno. La reina regente, sanciona con su firma la nueva ley, algo que hace reaccionar a los progresistas y que pone en escena al General Espartero. Este, representando al bando progresista, encabezará un pronunciamiento en contra de la regente, la cual se da cuenta de hasta que punto se encuentra sin apoyos y decide renunciar a la regencia y optar por el exilio. La infanta Isabel, que tiene por entonces 10 años, se queda en España esperando a tener edad para gobernar y Espartero es nombrado nuevo regente en 1840. Será uno de los personajes más populares del siglo XIX, aclamado como héroe de la guerra civil, visto como pacificador de España, el líder del partido progresista será conocido como "el general del pueblo" y será nombrado conde de Luchana y duque de la Victoria. Pero sus dotes políticas no están a la altura de las militares y gobernará de forma autoritaria, manteniendo al margen a gran parte de las principales figuras de su partido. Reprimió con dureza cualquier tipo de levantamiento en contra de su gobierno y el descontento fue tal que consiguió unir a progresistas y moderados en su contra, provocando una revuelta masiva y generalizada por todo el país hasta que, derrocado del poder, las Cortes declaran la mayoría de edad de Isabel a sus 13 años para que pudiera reinar.

El bombardeo de Sevilla en 1843.


En Sevilla, la noche del 11 de junio, un grupo de vecinos desarmados se echaron a la calle para vitorear a la Constitución, a Isabel II y a las libertades. El movimiento fue duramente reprimido por el Regimiento de la Constitución (creado en la Isla de León en 1812 y durante más de 100 años fue uno de los regimientos del ejército). Esto irritó aún más los ánimos del pueblo que aclamaban secundar un movimiento similar a los que se estaban llevando a cabo en otros lugares del país. El Ayuntamiento intentó devolver la calma a la situación pero viendo la dureza del ejército contra la población, el 18 de junio se reúne un cabildo extraordinario jurando morir en su puesto "o arrojar a los satélites de un gobierno, el más injusto y opresor". Se comenzaron a realizar obras de fortificación, acopio de armamento y municiones, creación de batallones y un hospital de campaña en San Telmo y, en definitiva, todo lo que podía contribuir para la defensa de la ciudad.

El 5 de julio, Van Halen llegó a Alcalá de Guadaíra con sus divisiones de caballería y el día 18 atacó Sevilla. El ataque comenzó por la Cruz del Campo, donde esperaba la resistencia para contraatacar. Los bombardeos se sucedieron en los días siguientes y el día 23 llega Espartero, intentando persuadir a los sevillanos para que se rindieran pero esto no sucedió, así que el día 24, desde las 5 de la madrugada y hasta bien entrada la noche, la ciudad se ve sometida a un intenso bombardeo con artillería de grueso calibre.  El día 27, el Ministerio de la Guerra envió un comunicado al duque de la Victoria previniéndole que en el caso de seguir las hostilidades contra Sevilla quedaría declarado traidor de la patria y privado de todos sus honores siendo "entregado a la execración pública de los españoles". A la mañana siguiente Espartero abandona el cerco de Sevilla y marcha a El Puerto de Santa María, embarcando en un buque inglés llevando consigo la caja del tesoro público y a algunos de sus ministros.

Ese mismo día 28, el Gobierno Provisional de Sevilla daba cuenta al Ministro de la Gobernación de las grandes pérdidas ocasionadas en la ciudad, con las calles sembradas de escombros, muchas casas y edificios destruidos. Durante el asedio cayeron en Sevilla más de 600 bombas y 900 balas rasas por toda la zona este, la más afectada por los acontecimientos, entre la Puerta de la Carne, Puerta Osario y La Calzada, siendo el barrio más dañado el de San Bernardo, causando grandes destrozos así como multitud de muertos y heridos.

El 2 de agosto, el Gobierno de la Nación, en recompensa por la heroica defensa de Sevilla, concedió a la ciudad en nombre de Isabel II el título de INVICTA.

De estos hechos, la ciudad cuenta aún con varias "cicatrices"; recuerdos de unos acontecimientos que dejaron marcados esos días en el calendario histórico de la ciudad, como un triste y amargo capítulo de nuestra historia.

En la Puerta Carmona, justo en la esquina de la calle Mosqueta con la de San Esteban, podemos ver uno de los proyectiles que no explotaron y que quedó colocado en la pared como recuerdo de los hechos, tras ser hallado en las reformas de esa casa en la década de los años ochenta.

Otro ejemplo lo tenemos en un lugar cercano. Si caminamos unos cinco minutos por la antigua judería llegamos al Palacio Mañara, en el barrio de San Bartolomé y si miramos la portada del edificio, justo a la izquierda de esta veremos otra de las bombas que se han conservado de aquellos días, y que pasa bastante desapercibida tanto para turistas como para los propios sevillanos.

 

En el suelo del patio del Archivo General de Indias se puede ver como en una de las losas está marcada con la imagen de una bomba y la fecha (muy desgastada actualmente), como recuerdo de una de las bombas que cayó en el lugar. Pero sin duda alguna, la bomba que cayó en la Fábrica de Tabacos fue la que más daños provocó, inaccesible para el público en general ya que se encuentra en las cubiertas del edificio, en la parte de la actual Facultad de Filología, cerca de la esquina de la calle Palos de la Frontera con la Glorieta del Cid. En dicho lugar se encuentra una placa, ya algo deteriorada donde puede leerse:

"En el sitio y bombardeo que sufrió esta ciudad, por haverse alzado y negado la obediencia al regente del Reyno Duque de la Victoria, cayó y rebentó una bomba en este sitio a las doce del día 22 de julio de 1843".

 

Llama la atención que en una ciudad del tamaño e importancia de Sevilla, una de las plazas más céntricas y conocidas de la ciudad siga dedicada a Espartero, duque de la Victoria, conocida por todos como Plaza del Duque, sin que se haya planteado nunca el debate de si debe mantenerse ese nombre o no, como ha ocurrido con otros personajes polémicos de la Historia. Quizás esa plaza debería conservar el nombre anterior, el que tuvo desde el siglo XVI como Plaza del Duque de Medina-Sidonia y recordar así una de las grandes familias y casas palacios del renacimiento sevillano junto a Casa de Pilatos o Dueñas y por desgracia desaparecido. El palacio familiar ocupaba lo que hoy es la manzana de El Corte Inglés y la plaza fue abierta y creada por el nombrado duque de Medina-Sidonia. Lo que ha quedado claro es una cosa, Sevilla demostró ser invicta, pero también que no es rencorosa o que olvida demasiado pronto.

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José Manuel Villalba Rodríguez

1 comentario en “Las bombas de Espartero en Sevilla.”

  1. Buen artículo sobre los tiempos que le tocó vivir a la reina Isabel II siendo aún niña. Una reina tan desconocida para los sevillanos actuales, a pesar del que el primer puente construido sobre el Guadalquivir en Sevilla lleva su nombre. Gracias José Manuel

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