Adiós al Corral de Leopoldo

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Lo que hoy vamos a tratar se centra en Sevilla, más concretamente en Triana, en la calle Mosquera de Figueroa 8 del barrio del Turruñuelo, pero es extensible a gran parte de las ciudades. Es un problema actual de muchos rincones del mundo y que tanto si leéis esto desde Sevilla como si lo leéis desde Asturias, desde México o Argentina os podéis sentir identificados.

El Corral de Leopoldo en Triana es otro ejemplo más del triste devenir histórico de las casas y corrales de vecinos de Sevilla y Triana. Si en Córdoba su conservación les ha valido la declaración por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, en Sevilla están destinados a desaparecer y el Corral de Leopoldo viene a confirmarlo. En su lugar, un edificio de cuatro plantas con 49 viviendas de lujo se levantará sobre otro cadáver de nuestro patrimonio cultural.

El Turruñuelo está formado por tres callesMosquera de Figueroa y Juan de Pineda que son paralelas y luego una perpendicular que las atraviesa por la mitad que es Arnao de Flandes. Se encuentra encajado entre la Ronda de Triana, San Vicente de Paul, Fray Tomás de Berlanga, Ronda de los Tejares y Manuel Arellano. El nombre de Turruñuelo viene de uno de los antiguos caminos que salían de la Cava (límite histórico de Triana), y que se dirigía atravesando la Vega (la llanura inundable entre la Triana histórica y el Aljarafe), llegando hasta donde hoy encontramos este barrio. Ese antiguo camino se correspondería con la actual calle Manuel Arellano. Estos caminos que atravesaban la Vega de Triana llevaban a las diferentes huertas, tejares, fábricas de cerámica, herrerías y demás factorías con las que contaba Triana hasta que durante la segunda mitad del siglo XX fueron desapareciendo para dejar su lugar a las diferentes barriadas de hoy.

El Turruñuelo tiene su origen a finales del siglo XIX donde se comienzan a levantar casas normalmente de una planta y algunas (las menos) de dos. Las parcelas mayores albergaban cuadras o vaquerías como es el caso del Corral de Leopoldo, en origen una antigua vaquería construida en 1910 por Leopoldo Lozano Conde. En esos primeros años del siglo XX, el barrio completa su construcción debido a la llegada de trabajadores a las fábricas de ladrillos, tejas y cerámicas de la Vega, por la alta demanda de mano de obra que la Exposición Iberoamericana de 1929 exigía.

Décadas después será la misma familia la que decida construir diferentes dependencias para albergar a sus ocho hijos, naciendo así el Corral de Leopoldo que hemos podido conocer hasta hoy.

Este tipo de vivienda, la casa o corral de vecinos se empieza a popularizar a partir del siglo XVI. El aumento de la población tras el descubrimiento de América, atraída por el creciente comercio y las posibilidades que ofrecía la ciudad convirtieron a Sevilla en la ciudad más atractiva de la península y de parte de Europa, convirtiéndose por tanto en un polo de atracción para emigrantes de otros lugares. La demanda de vivienda era clara y la población se ubica en diferentes tipos de casas según sus posibilidades económicas. Las familias nobles construían en estas fechas sus grandes casas palacio como los Guzmán en el Duque, los Ponce de León junto a Santa Catalina, los Enríquez de Ribera construyen la que conocemos hoy como Casa de Pilatos y el Palacio de Dueñas. Las clases medias como los comerciantes, vivían en casas de tamaño mediano y las clases más populares, la más numerosa, empiezan a ubicarse en casas comunitarias, con instalaciones a veces muy precarias, las casas de vecinos o corrales.

Sevilla y especialmente Triana, por su condición de barrio obrero e industrial, se llenan de estos corrales que han sobrevivido (algunos) hasta nuestros días. Es a partir de la segunda mitad del XX cuando realmente comienza su verdadera crisis y la especulación inmobiliaria comenzará a hacer estragos con estas casas polpulares. Los corrales de vecinos pasan a abandonarse, muchos vecinos se ven presionados y obligados a marchar y en su lugar aparecerán grandes solares listos para ser ocupados por bloques de viviendas.

Es aquí donde nos topamos con el gran dilema, no sólo de Sevilla sino de gran parte de nuestras ciudades. Nos encontramos con el problema moral; ¿tradición?, ¿progreso?, ¿se puede conservar la tradicion a la par que se moderniza una ciudad y sus servicios?, ¿son incompatibles los conceptos de tradicion y modernidad?. Se ve que para muchos sí.

Hemos visto como el siglo XIX arrasó con las puertas de Sevilla y con gran parte de su muralla almohade, pero también con las de otras ciudades. Milán o Florencia verán por estas fechas como sus puertas y muros medievales caen en pos de un progreso mal entendido, quizás abanderado por la gente equivocada y por una mentalidad poco sensible a la conservación del patrimonio histórico.

Eso ocurrió en el XIX pero ahora estamos en el XXI y no por eso parece que hayamos aprendido la lección, el problema sigue ahí. Las administraciones públicas tienen gran culpa de esta forma de hacer las cosas en cuanto a conservación del patrimonio se refiere, y es a estas a quienes exigimos otra forma de "progresar". Sin embargo, en muchas ocasiones sobrevaloramos a las personas que están dentro de estas administraciones y les exigimos algo que no pueden darnos, pues no tienen preparación para ello. El problema no es tanto político, como cultural. El problema de base es la educación; los niños de hoy serán los políticos del mañana y poco harán por velar por nuestro patrimonio si hoy no los educamos en eso. El patrimonio histórico, artístico y cultural de nuestras ciudades y barrios no puede estar en las manos equivocadas, ni tampoco menospreciado por sus habitantes o visitantes.

Lo que es de todos y lo que hace que nuestra historia, nuestra cultura, nuestras ciudades y nuestra identidad sean distintas, lo que nos hace diferentes, lo que hace que nuestras ciudades tengan su propia personalidad, debe ser cuidado, para evitar que las nuevas generaciones hereden ciudades construidas en serie, idénticas, todas con los mismos edificios, los mismos comercios, sin nada que las personalice o identifique. Para eso tenemos que ser conscientes de lo que supone el valor de lo nuestro, de lo autóctono, de lo que nos hace distintos, de lo que nos representa. Valorar y cuidar lo que nos dejaron padres y abuelos, para que hijos y nietos puedan disfrutarlo, es responsabilidad de todos y todos debemos poner nuestro granito de arena para cambiar las cosas.

Triana pierde en estos días el último corral de la Vega y con él perdemos todos los trianeros y todos los sevillanos un pedacito de nuestra historia. Se borra una parte de nuestra memoria y damos un paso más al frente en la dirección equivocada, hacia una ciudad más pobre, con menos identidad. Es labor de todos solucionar el problema.

Para eso hace falta educar en el respeto, enseñar a valorar el patrimonio, sea material o inmaterial. Las administraciones deben estar a la altura, dirigidas por gente preparada, por las manos y cabezas adecuadas. Los ciudadanos debemos ser conscientes y conservar aquello que nos hace diferentes, aquello que nos distingue de otros y nos hace especiales. El patrimonio debe permanecer, para que sean muchas las generaciones que puedan disfrutarlo y aprender de él.

Como guía turístico he intentado contribuir siempre, desde que comencé en 2006, en favor de la causa. Los que han hecho visitas o han viajado conmigo saben que siempre pido ante todo respeto por el patrimonio, por los lugares que visitamos y por las personas que lo habitan. El turismo debe ser un instrumento para enseñar a valorar y respetar lo que hace a cada lugar diferente del otro, puede ser una muy útil herramienta educativa. El día que salgamos de casa para visitar ciudades y gentes idénticas a nosotros, el turismo habrá muerto y nuestras ciudades también. En el equilibrio está el triunfo, en la medida justa está la solución y en la educación en el respeto y la conservación de lo que nos hace diferentes está el futuro, tanto de nuestra generación como de las que están por llegar.

A continuación os dejo algunas fotos que tomé estos días atrás antes de que el Corral de Leopoldo pase a peor vida para siempre y se convierta en lo que otros muchos edificios de nuestras ciudades, en un recuerdo.

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José Manuel Villalba Rodríguez

8 comentarios en “Adiós al Corral de Leopoldo”

  1. Este artículo está escrito desde el sentimiento de un trianero y sevillano que ha recorrido otros países de Europa y sabe muy bien lo que dice. Ojalá lo lean muchas personas y sirva para educar a los más jóvenes en los valores de nuestra cultura e historia.

  2. Yo pasé muchas veces por allí en mi infancia, nací en la otra punta de la calle y mis abuelos de Juan de Pineda. Cada mañana paso por allí al dejar a mis hijas cerca para ir al Instituto y me inunda una gran pena, porque poco a poco mi barrio va perdiendo su identidad.
    Vivo en Camas, porque Triana es prohibitiva, pero mi vida sigue discurriendo por mis calles de toda la vida.
    Gracias por el artículo

  3. Los complejos de inferioridad están interiorizados a extremos increíbles. Hasta el punto de sacrificar nuestra idiosincrasia por la “modernidad”. Demos una vuelta por Europa y aprendamos el respeto por cada piedra y por cada espacio … hasta el punto de no perder identidad

  4. Yo tuve la gran suerte de haber nacido en el corral de Leopoldo, ya que era mi abuelo. Fueron años maravillosos a pesar de la pobreza qué teníamos. Pero mí recuerdos son familiares, ya que casi todos éramos familia. Compartíamos todo lo que teníamos. Recuerdo con añoranza de mí juegos, ternura y el sabor humano que aún me invade.adios corral con, tú naranjo y limonero que en primavera nos regalaban el maravilloso olor del azahar. Gracias por todo lo vivido y recuerdos!!

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