El Arquillo de San Miguel de la Catedral de Sevilla.

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Hoy vamos a hablar del antiguo Arco  o Arquillo de San Miguel, muy relacionado con los dos anteriores artículos del blog (Plaza del Cabildo y el antiguo Colegio de San Miguel), bastante desconocido incluso para los propios sevillanos y con una interesante historia que vale la pena conocer. Las próximas líneas te acercarán a muchas curiosidades sobre este desaparecido arco, que estuvo adosado a la catedral y que estuvo a punto de hacer desaparecer a la mismísima Giralda.

Tanto durante la época musulmana como posteriormente tras la consquista cristiana, en Sevilla abundaron arcos y arquillos al margen de las puertas de la muralla. Fueron frecuentes y no impedían la circulación por las vías públicas, estaban regulados y su altura debía ser la suficiente para que por ellos pudiera pasar "un caballero con sus armas".

Los podemos dividir en dos tipos: los que formaban parte de recintos amurallados y que permitían pasar de una zona a otra y los que unían dos edificios, normalmente levantados por iniciativa privada y servían para pasar de uno a otro sin pisar la calle. Entre los primeros podemos destacar a nuestro protagonista de hoy, el Arco de San Miguel, abierto en el muro que unía la muralla a la altura del Arco del Postigo con la mezquita mayor (recinto del que también hablamos en los dos anteriores artículos). Entre los segundos nos pueden servir de ejemplos los que comunicaban las casa principales de los Enríquez de Ribera (Casa de Pilatos) con la iglesia de San Esteban, el que comunicaba el convento de las Dueñas con el conocido palacio del mismo nombre o el que comunicaba el palacio de los marqueses de la Algaba con Omnium Sanctorum.

Muchos desaparecieron debido a diferentes planes urbanísticos, otros debido al deterioro, por dejar de ser necesarios o, como en el caso del Arco de San Miguel, por los daños sufridos con el Terremoto de Lisboa de 1755.

¿Qué sabemos sobre el Arco o Arquillo de San Miguel?

Para conocer este desaparecido arco nos vamos a centrar en los estudios realizados por dos expertos autores de los que tendrán más información al final del artículo, en la bibliografía consultada, así como en la documentación tanto escrita como gráfica que nos ha dejado la historia.

El Arco de San Miguel era una abertura en el lienzo de muralla de la alcazaba interior (ver plano bajo este párrafo). Esta muralla tenía la función de proteger el recinto del Alcázar, sirviendo también de separación entre la medina de la antigua Isbilya y la ciudad palatina. Este lienzo de muralla nacía en los muros de la actual calle Joaquín Romero Murube (en azul en el plano), junto a la antigua primitiva puerta del Alcázar (cegada al exterior pero conservada en dicha calle). De ahí partía hacia la torre que aún se conserva conservada en el interior del actual convento de la Encarnación y de la torre giraba hacia lo que hoy sería el ángulo sureste de la catedral (azul). Desde ese punto el muro se bifurcaba en dos, uno corría paralelo a la cara este de la mezquita (verde) y moría en nuestra actual Giralda (ahí se encontraba el antiguo arco, también desaparecido que se conoció como la Puerta de los Palos, aparece en amarillo en el plano) y el otro muro era paralelo a la cara sur de la mezquita (rojo), pasando tras el mihrab (y utilizado frecuentemente como acceso privado a la mezquita por el califa) y continuaba hacia la muralla de la ciudad, donde moría junto al Arco del Postigo. Era en este último tramo entre mezquita y Postigo donde se abría el arco que acabaría llamándose Arco de San Miguel (naranja), pues acabó sirviendo de conexión entre la catedral gótica y el desaparecido Colegio de San Miguel, propiedad del Cabildo de la catedral y de donde tomaría su nombre.

El arco se encontraba por tanto en el ángulo suroeste de la primitiva mezquita y se mantuvo al construir la catedral gótica. Santiago Montoto diría de él que "su ojo de luz era el mayor de Sevilla, superior al de todas las puertas de la muralla". Su fisonomía la podemos conocer gracias a una serie de documentos gráficos donde aparece, como pinturas y grabados realizados antes de su desaparición.

En el grabado de Pedro Tortolero sobre la procesión celebrada con motivo del traslado del cuerpo de San Fernando a la nueva urna en 1729, lo vemos representado como un amplio arco, sobre el que discurría una galería con arcos y cubierta con un tejado a dos aguas y enmarcado por dos grandes torres. La más cercana al Colegio de San Miguel la representa cuadrada, más alta y estrecha, rematada con almenas. La otra enlazaba el arco con la catedral y nos la muestra más baja, más ancha, de forma rectangular, también almenada y con una casa adosada. Esta consta de puerta, dos ventanas en la planta baja y un amplio balcón en la planta superior, sobre el que se ve un retablo. Sabemos que en él había una pintura de la Inmaculada, protegida bajo un tejaroz y cortinas en los laterales. Dicha pintura fue colocada en 1615 tras pedir permiso al Cabildo catedral y fue sufragada por los vecinos. Según Andrés Vega, el lienzo con la Inmaculada colocado en el Arco de San Miguel fue realizado por Francisco Herrera el Viejo. Entre la torre y la catedral habría otra casa adosada a la muralla, como puede apreciarse también en el grabado de Tortolero.

Tanto en el lienzo de Domingo Martínez titulado "Carro del Pregón" (correspondiente a la serie de "La Máscara", encargada al pintor por la Real Fábrica de Tabacos para celebrar la subida al trono de Fernando VI y conservada en el Museo de Bellas Artes), como en otro grabado atribuido a Tortolero, aparece solamente uno de los dos flancos del arco y la torre más cercana a la catedral que es la que se conocía como Torre de San Miguel.

La otra no aparece en estas dos representaciones y su ausencia es generalizada, tanto en documentos gráficos como en la bibliografía tradicional, siendo incluso negada su existencia por muchos autores, quienes defendían que el Arco de San Miguel apoyaba directamente sobre los muros del colegio. Sin embargo la torre existió, sus restos se hallaron cuando se derribó el edificio situado en la esquina de la avenida de la Constitución y la calle Almirantazgo y se conservan en el sótano del edificio actual. Gracias al hallazgo podemos saber que la torre estaba construida en sillares y que su forma era casi cuadrada.

Damos por tanto por hecho que existieron ambas torres, una a cada lado del Arco de San Miguel. Teniendo en cuenta la documentación existente, los estudios realizados y las opiniones actuales de diferentes historiadores y arqueólogos, podríamos resumir la información de la siguiente forma. La torre más cercana a la catedral, sería la conocida como Torre de San Miguel, donde se colocaron las primeras campanas que tuvo el templo y donde durante el siglo XVI se planteó levantar una nueva torre campanario para la catedral, estando planteado el derribo del alminar y por tanto la desaparición de nuestra Giralda.

Esta torre recibiría también el nombre de Torre del Almirantazgo, siendo arrendada a los almirantes de Castilla en los días festivos para contemplar el paso de procesiones y desfiles solemnes. Esta cesión llegaría a hacerse permanente, siendo los empleados del Almirantazgo (ubicado en las proximidades del Colegio de San Miguel), los que se dedicaban a cuidar el balcón, a adornarlo y prepararlo para los diferentes actos.

La segunda torre, la más cercana al Colegio de San Miguel, ha sido identificada en muchas ocasiones con la Torre del Aceite, "donde avía una campana, que conforme al ordenamiento de la Ciudad, no podían comprar azeite en aquella calle (donde se encontraban los mercaderes y el almacén de aceite) hasta que se tocase la hora..." Sin embargo, hoy se cree que la llamada Torre del Aceite debió ser otra, más cercana al Postigo y a la Aduana del aceite y aún no localizada.

Posiblemente esta torre entre el arco y el colegio, fuera utilizada como torre de la ermita que se encontraba en el cementerio de San Miguel, perteneciente al colegio y por tanto al Cabildo catedralicio. Recordemos que el Colegio de San Miguel tuvo cementerio propio, al igual que las llamadas "carnicerías de los clérigos" y que no era un edificio, sino un amplio recinto formado por muchas casas (como ya vimos en el artículo dedicado al Colegio de San Miguel).

Más información hay sobre el derribo del Arco de San Miguel, donde se puede seguir casi el día a día tras el terremoto del 1 de noviembre de 1755. Los desperfectos causados produjeron un deterioro importantes que requería ser subsanado. Sin embargo, el Cabildo de la catedral tenía otros gastos más urgentes como restaurar los daños que se habían producido en el templo. El Arco de San Miguel quedaba a la espera de ser recuperado pero eso nunca llegó y el deterioro continuó. El deterioro llegó a tal punto que tuvo que ser derribado por completo en la primavera de 1762, evitando que pudiera caer y ocasionar daños. Con él desaparecieron la muralla y las casas adosadas a ella.

El material constructivo procedente del derribo, se utilizó para la restauración de las viviendas de los canónigos. También se solicitó material para la construcción de la iglesia de San Roque aunque finalmente fue denegado. Desaparecían así los últimos vestigios de la muralla norte, que formaba parte de la fortificación interior de la ciudad y con ella, el Arco de San Miguel y sus torres. Se perdieron así casi seis siglos de historia, de uno de los rincones de Sevilla que más cambios ha sufrido con el paso del tiempo.

A continuación tienes enlaces a dos artículos muy relacionados con el Arco de San Miguel: el antiguo Colegio de San Miguel y la Plaza del Cabildo, que hoy ocupa el espacio que aquel dejó tras su derribo.

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José Manuel Villalba Rodríguez

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