La Leyenda de la Virgen de los Reyes, Patrona de Sevilla.

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La Virgen de los Reyes es patrona de Sevilla y su archidiócesis, preside la Capilla Real de la catedral y es una de las imágenes marianas más antiguas de la ciudad, pues lleva entre nosotros desde el momento en el que la antigua Isbilya es conquistada a los musulmanes en 1248 por el rey Fernando III. Su culto ha estado dignificado por su estatus de Madre de Dios, protectora de Reyes y legitimadora de las sucesivas casas dinásticas pero a la vez, el fervor popular hizo correr historias que, además de inspirar un enorme sentimiento piadoso, ha servido para envolverla en un halo de enigmático misterio. Hoy vamos a conocer su leyenda.

La leyenda que envuelve a esta imagen de amable sonrisa tiene lugar cuando Fernando III se hallaba sitiando a la ciudad en 1248. Recogen las fuentes de la época que una enorme sequía amenazaba al ganado y las cosechas. Como consecuencia, el rey, dando muestras de su exaltada fe, decidió imponerse sacrificios de ayuno y cilicios implorando la intercesión de la Virgen para remediar el mal.

El rey abandonó el campamento ubicado en Tablada, a las afueras de Sevilla y se retiró en soledad durante tres días para hacer penitencia. Fue así como se le apareció la Virgen con su Hijo en brazos, prometiéndole terminar con la sequía en algunas versiones y en otras, asegurándole la conquista de Isbilya. Tras la aparición, el rey quiso que se ejecutase una imagen en la que se reflejase con la mayor fidelidad los rasgos de la Virgen aparecida. Por ello, convocó a notables escultores que intentaron labrar la imagen varias veces, sin conseguir ninguna de ellas agradar del todo al monarca.

Todas estas imágenes que el rey iba rechazando conformarían el llamado "círculo de imágenes fernandinas", las cuales poseen características morfológicas muy similares. Se trata de la Virgen de las Aguas (título que podría corresponder con el milagroso remedio de la sequía o en alusión a una frase del monarca de que se quedaba "entre dos aguas", respecto al parecido de esta figura con el original aparecido) y que se encuentra en la iglesia del Salvador, junto con otras dos que comparten la advocación de Virgen de los Reyes, veneradas en los templos sevillanos del convento de San Clemente y en la iglesia de San Ildefonso.

Continuando con la leyenda, tras los varios intentos por crear con exactitud la imagen de la Virgen que se había aparecido al rey, cuando este empezaba ya a perder la esperanza, aparecieron por el campamento dos (o tres, según la fuente) peregrinos que decían proceder de Alemania, diciendo que eran maestros escultores y se ofrecieron para realizar la talla de la Virgen con la única condición de poder trabajar en total aislamiento. Así fue, y el rey les proporcionó todo el material y las herramientas necesarias y se retiraron a una torre, un lugar apartado donde trabajar sin ser vistos y sin ser incomodados (se ha querido identificar esta torre con la de los Herberos de Dos Hermanas).

Tras pasar unos días sin tener noticia de los artistas, al acudir al lugar para ver si necesitaban algo y se encontraban bien, se encontraron con que no había nadie, excepto una bella imagen de la Virgen María a la que Fernando III identificó rápidamente como la que había visto en sueños.

Sin rastro de los escultores y con la Virgen que el rey buscaba reproducida al milímetro con sorprendente exactitud, aquello fue considerado un milagro y aquellos hombres identificados, como no podía ser de otra manera, con ángeles del Cielo enviados para construir la que desde ese momento sería la gran devoción del monarca Fernando III.

“Per me reges regnant”: Por mi reinan los reyes. Se trata de una frase traída del libro bíblico de los Proverbios (capítulo 8, versículo 15) y que podemos ver en el dosel que cubre el camarín de la Virgen de los Reyes en la Capilla Real de la catedral hispalense.

La Primera Crónica General cuenta cómo, tras quince meses de asedio, se produce la clamorosa entrada del rey y su corte a Sevilla el 22 de diciembre de 1248: "fue reçebido con muy grant proçesion de obispos et de toda la clerezia et de todas las otras gentes, con muy grandes alegrías et con muy grandes bozes, loando et bendiziendo (...) et entro asi desta gisa ese bienauenturado rey don Fernando en la yglesia de Santa María". Cerrando la comitiva iba la imagen de la Virgen de los Reyes en un carro triunfal hasta ser depositada en el interior de la antigua mezquita mayor, desde ese momento catedral de la nueva ciudad, ya cristiana de Sevilla.

Desde entonces, la devoción a esta virgen gótica quedaría estrechamente ligada al monarca Fernando III, el cual quiso ser enterrado a los pies de la imagen para que lo velase en su eterno descanso, en el altar mayor de la caderal mudéjar de Sevilla. Ese vínculo será heredado por su hijo, enterrado igualmente en la cripta situada bajo la Capilla Real, y será inmortalizado en sus Cantigas de Santa María. Como ejemplo, en la cantiga 295, Alfonso X habla de la aparición de Santa María "per un Rei que as figuras mandava sempre fazer, muit apóstas e fremosas; e fazía-as uestir de mui ricos panos douro et de mui nobre lauor et poya-lles nas testas pera parecer mellor coroas con muitas pedras ricas, que grand´esprandor dauan sempra a imagen et fazian-a luzir. Et outrossi nas sas festas ar fazia-lle mudar senpr´outros panos mais ricos pola festa mais onrrar", tal y como la Virgen de los Reyes era engalanada.

"Dios abrirá, y el Rey entrará" o de cómo la Virgen de los Reyes entregó al Rey Fernando III las llaves de Sevilla

En las llaves de la ciudad de Sevilla que fueron entregadas a Fernando III aparecen inscripciones en castellano y hebreo en una de ellas y en árabe en la otra. En castellano dice "Dios abrirá y el Rey entrará", en hebreo y en árabe "El Rey de los Reyes abrirá, el Rey de la Tierra entrará".

En relación a esto, en el artículo de María de los Ángeles Gutiérrez Romero sobre la leyenda de la Virgen de los Reyes, ésta recoge un segundo relato transmitido de forma oral por una señora llamada Aurora Romero y que no deja de ser curiosa, poco conocida y muy entrañable. Dice así:

"En tiempo de los moros, estando Sevilla con todas las puertas de la muralla cerradas y custodiadas por la guardia mora, el santo rey Fernando se hallaba acam-pado con todas sus huestes al otro lado del río, en Triana, sitiando la ciudad.Aun siendo de noche, el rey cristiano rezaba para que se le hiciese la luz y le diese la idea de cómo entrar en Sevilla. Y así, quedose dormido. Esa misma noche se le apareció la Virgen en sue-ños, prometiendo ayudarle en la conquista. A la mañana siguiente, cuando el rey despertó, quedó admirado al encontrar a su lado la llave de Sevilla. Aguardó un tiempo prudente hasta el amanecer cuando, con los soldados cristianos, abrió las puertas de la ciudad y los moros que-daron rendidos. El rey moro, encolerizado, preguntó a su guardia cómo era posible que hubiesen entrado. Nadie vio nada, excepto un sarraceno que le advirtió haber visto tan solo a una mujer envuelta en un manto negro. Ella se llegó hasta donde él se encontraba y ya no recor-daba más, porque quedó dormido. Fue así como le quitó las llaves de la puerta y se las dio al rey san Fernando.Al día siguiente, cuando se abrieron las rejas para la liturgia de la mañana, los fieles devotos se dieron cuenta de que unas huellas daban la vuelta a la catedral y conducían hasta la capilla de la Virgen de los Reyes. Entonces contemplaron maravillados que los zapatitos de la Virgen estaban llenos de polvo, como si hubiesen andado. Y fue así como supieron que había sido un milagro de la Virgen".

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José Manuel Villalba Rodríguez

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